Todos los domingos por la mañana, Eucaristía con los jóvenes

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Altar. Capilla Ntra Sra. del Rosario.
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jueves, 19 de diciembre de 2013

¡DEN DE COMER A LOS QUE TIENEN HAMBRE! CLAMA EL PAPA FRANCISCO

ROMA, 16 Dic. El Papa Francisco reiteró su clamor para acabar con el "escándalo" de la falta de alimentos para muchísimas personas en el mundo y exclamó en un mensaje dirigido a la humanidad: "¡Den de comer a los que tienen hambre!"
El Santo Padre hizo esta enérgica exhortación en una reciente entrevista hecha por el periodista italiano Andrea Tornielli del diario La Stampa, reflexionado sobre el hambre en el mundo: "con la comida que dejamos y tiramos podríamos dar de comer a muchísima gente. Si lográramos no desperdiciar, reciclar la comida, el hambre en el mundo disminuiría mucho"."Me impresionó leer una estadística que habla de 10 mil niños que mueren de hambre cada día en el mundo. Hay muchos niños que lloran porque tienen hambre. El otro día, en la audiencia del miércoles, atrás de una valla había una joven mamá con su niño de pocos meses. Cuando pasé, el niño lloraba mucho. La mamá lo acariciaba. Le dije: ‘Señora, creo que el pequeño tiene hambre’. Ella respondió: ‘Sí, ya es hora…’. Y le dije: "¡Pero dele de comer, por favor!’"."Ella tenía pudor, no quería amamantarlo en público, mientras pasaba el Papa. Entonces quisiera decir lo mismo a la humanidad: ¡den de comer! Esa mujer tenía la leche para su niño, en el mundo tenemos suficiente comida para que coman todos. Si trabajáramos con las organizaciones humanitarias y lográramos ponernos todos de acuerdo para no desperdiciar comida, mandándola a los que la necesitan, contribuiríamos mucho para resolver la tragedia del hambre en el mundo"."Quisiera repetir a la humanidad lo que dije a aquella mamá: ¡den de comer a los que tienen hambre! Que la esperanza y la ternura de la Navidad del Señor nos sacudan de la indiferencia".
Sufrimiento inocente
El Papa luego se refiere al sufrimiento inocente y comenta que "para mí, Dostoyevski ha sido un maestro de vida, y su pregunta, explícita e implícita, siempre ha rondado mi corazón: ¿por qué sufren los niños? No hay explicación"."Me viene esta imagen: en cierto momento de su vida, el niño se "despierta"; no entiende muchas cosas, se siente amenazado, empieza a hacer preguntas a su papá o a su mamá. Es la edad del "por qué". "Pero cuando el hijo pregunta, luego no escucha todo lo que le tienes que decir y te acorrala con nuevos ‘por qué’. Lo que busca, más que una explicación, es la mirada del papá que le da seguridad. Frente a un niño que sufre, la única oración que me viene es la oración del ‘por qué’. ¿Señor, por qué? Él no me explica nada, pero siento que está viéndome. Entonces puedo decir: ‘Tú sabes por qué, yo no lo sé y Tú no me lo dices, pero me ves y yo confío en Ti, Señor, confío en tu mirada’"

domingo, 27 de octubre de 2013

LECTURAS DEL DOMINGO XXX DEL TIEMPO ORDINARIO

PRIMERA LECTURALos gritos del pobre atraviesan las nubes

Lectura del libro del Eclesiástico 35, 12-14. 16-18


El Señor es un Dios justo, que no puede ser parcial; no es parcial contra el pobre, escucha las súplicas del oprimido; no desoye los gritos del huérfano o de la viuda cuando repite su queja; sus penas consiguen su favor, y su grito alcanza las nubes; los gritos del pobre atraviesan las nubes y hasta alcanzar a Dios no descansan; no ceja hasta que Dios le atiende, y el juez justo le hace justicia.

Palabra de Dios.

Salmo responsorial
Sal 33, 2-3. 17-18. 19 y 23(R.: 7a)


R. Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha.

Bendigo al Señor en todo momento, su alabanza está siempre en mi boca; mi alma se gloría en el Señor: que los humildes lo escuchen y se alegren. R.
El Señor se enfrenta con los malhechores, para borrar de la tierra su memoria. Cuando uno grita, el Señor lo escucha y lo libra de sus angustias. R.
El Señor está cerca de los atribulados, salva a los abatidos. El Señor redime a sus siervos, no será castigado quien se acoge a él. R.

SEGUNDA LECTURA
Ahora me aguarda la corona merecida
Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo 4, 6-8. 16-18


Querido hermano:
Yo estoy a punto de ser sacrificado, y el momento de mi partida es inminente. 
He combatido bien mi combate, he corrido hasta la meta, he mantenido la fe. 
Ahora me aguarda la corona merecida, con la que el Señor, juez justo, me premiará en aquel día; y no sólo a mí, sino a todos los que tienen amor a su venida. 
La primera vez que me defendí, todos me abandonaron, y nadie me asistió. Que Dios los perdone. 
Pero el Señor me ayudó y me dio fuerzas para anunciar íntegro el mensaje, de modo que lo oyeran todos los gentiles. Él me libró de la boca del león. 
El Señor seguirá librándome de todo mal, me salvará y me llevará a su reino del cielo. 
A él la gloria por los siglos de los siglos. Amén.
Palabra de Dios.

Aleluya 2Co 5, 19

Dios estaba en Cristo, reconciliando al mundo consigo,
y a nosotros nos ha confiado la palabra de la reconciliación.

EVANGELIO
El publicano bajó a su casa justificado, y el fariseo no
+ Lectura del santo evangelio según san Lucas 18, 9-14
En aquel tiempo, a algunos que, teniéndose por justos, se sentían seguros de sí mismos y despreciaban a los demás, dijo Jesús esta parábola:
- «Dos hombres subieron al templo a orar. Uno era fariseo; el otro, un publicano. El fariseo, erguido, oraba así en su interior:
"¡Oh Dios!, te doy gracias, porque no soy como los demás: ladrones, injustos, adúlteros; ni como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo."
El publicano, en cambio, se quedó atrás y no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo; sólo se golpeaba el pecho, diciendo:

¡Oh Dios!, ten compasión de este pecador. "
Os digo que éste bajó a su casa justificado, y aquél no. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.»
Palabra del Señor

sábado, 5 de octubre de 2013

ACCIÓN DE GRACIAS AL DOMINGO XXVI DEL TIEMPO ORDINARIO


Te bendecimos, Señor, porque escuchas el clamor del pobre,
liberas al oprimido y sustenta al huérfano y a la viuda.
Tú derribas del trono al poderoso y enalteces al humilde;
al hambriento lo colmas de bienes y al rico lo despides vacío.

Cuando nuestro corazón se cierre ignorando al necesitado,
abre, Señor, nuestros ojos para que te veamos a ti en él;
cuando el pobre tienda su mano hacia nosotros para pedirnos,
abre nuestro corazón al gozo de compartir lo nuestro con él.

Ayúdanos, Señor, a romper la malla del egoísmo acaparador,
Liberándonos del afán de poseer y tener, gastar y consumir,
Para que no nos habituemos nunca a las desigualdades.

Amén.


(Tomado de B. Caballero: La Palabra cada Domingo, San Pablo, España, 1993, p. 578)

martes, 14 de mayo de 2013

CRISTO ES LA PUERTA DEL REINO


Existe sólo una puerta para entrar en el Reino de Dios. Esa puerta es Jesús. Cualquiera que intente entrar por otro camino es «un ladrón» o «un bandido»; o bien es «un ambicioso que piensa sólo en su beneficio», en su gloria, y roba la gloria a Dios. El Papa Francisco durante la misa que celebró el lunes 22 de abril por la mañana, en la capilla de la Domus Sanctae Marthae, propuso de nuevo a Jesús como el centro de la vicisitud humana y recordó que nuestra religión no es una religión «de negocio».
Comentando las lecturas de la liturgia del día, tomadas de los Hechos de los apóstoles (11, 1-18) y del Evangelio de Juan (10, 1-10), el Pontífice recordó que en ellas «se repite el verbo “entrar”. Primero, cuando Pedro sube a Jerusalén y es reprochado: “Has entrado en casa de paganos”. Luego, Pedro relata la historia, cuenta cómo entró. Jesús es muy explícito en esto: “quien non entra en el aprisco de las ovejas por la puerta, no es el pastor”». Para entrar en el Reino de Dios, en la comunidad cristiana, en la Iglesia, «la puerta – explicó el Papa – la verdadera puerta, la única puerta es Jesús. Nosotros debemos entrar por esa puerta. Jesús es explícito: “quien no entra en el aprisco de las ovejas por la puerta – que Él mismo dice 'yo soy' – sino que entra por otra parte, es un ladrón o un bandido”, uno que quiere beneficiarse a sí mismo».
Esto, notó el Pontífice, sucede «también en las comunidades cristianas. Existen estos salteadores, ¿no?, que buscan su propio beneficio. Conscientemente o inconscientemente fingen entrar; pero son ladrones y bandidos. ¿Por qué? Porque roban la gloria a Jesús, quieren su propia gloria. Esto es lo que Jesús decía a los fariseos: “vosotros intercambiáis la gloria uno al otro...”. Una religión en cierto sentido por negocio, ¿no? “Yo te doy gloria y tú me la das a mí”. Pero estos no han entrado por la puerta verdadera. La puerta es Jesús, y quien no entra por esta puerta se equivoca».
Pero ¿cómo entender que la puerta verdadera es Jesús? «Toma las bienaventuranzas y haz lo que dicen las bienaventuranzas» fue la respuesta del Pontífice. De este modo «eres humilde, eres pobre, eres manso, eres justo»; y cuando alguien hace otra propuesta, «no la escuches: la puerta siempre es Jesús y quien entra por esa puerta no se equivoca». Jesús «no sólo es la puerta: es el camino, es la vía. Existen muchos senderos, tal vez más ventajosos para llegar», pero son engañosos, «no son verdaderos: son falsos. Sólo Jesús es el camino. Alguien de vosotros dirá: “¡Padre, ¿usted es fundamentalista?!”. No. Sencillamente es lo que dijo Jesús: “Yo soy la puerta”, “Yo soy el camino” para daros la vida. Sencillamente. Es una puerta hermosa, una puerta de amor, es una puerta que no nos engaña, no es falsa. Siempre dice la verdad. Pero con ternura, con amor».
Lamentablemente, observó el Santo Padre, el hombre sigue siendo tentado aún hoy por aquello que estuvo al inicio: el pecado original, es decir, el «deseo de tener la llave para interpretar todo, la llave y el poder de hacer nuestro camino, cualquiera que sea, de encontrar nuestra puerta, cualquiera que esa sea. Esa es la primera tentación: “conoceréis todo”. A veces tenemos la tentación de querer ser demasiado dueños de nosotros mismos y no humildes hijos y siervos del Señor. Esta es la tentación de buscar otras puertas u otras ventanas para entrar en el Reino de Dios». Donde en cambio, «se entra sólo por la puerta que se llama Jesús», esa puerta que nos conduce por «un camino que se llama Jesús y nos lleva a la vida que se llama Jesús. Todos aquellos que hacen otra cosa – dice el Señor – que suben para entrar por la ventana, son “ladrones y bandidos”. Es sencillo el Señor. No habla difícil: Él es sencillo».
El Papa concluyó invitando a los presentes a rezar para obtener «la gracia de tocar siempre esa puerta» que a veces está cerrada; estamos tristes, desolados y «tenemos problemas para tocar esa puerta». El Pontífice invitó a rezar precisamente para encontrar la fuerza de «no ir a buscar otras puertas que parecen más fáciles, más confortables, más al alcance de la mano», y seguir en cambio buscando «siempre esa: Jesús. Jesús no defrauda jamás, Jesús no engaña, Jesús no es un ladrón, no es un bandido. Dio su vida por mí. Cada uno de nosotros debe decir esto: “Tú que has dado la vida por mí, por favor, abre, para que pueda entrar”. Pidamos esta gracia. Tocar siempre esa puerta y decir al Señor: “abre, Señor, que quiero entrar por esta puerta. Quiero entrar por esta puerta, no por la otra”».