Todos los domingos por la mañana, Eucaristía con los jóvenes

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Altar. Capilla Ntra Sra. del Rosario.
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martes, 22 de diciembre de 2015

TRES LUGARES DE LA VIDA DIARIA PARA CELEBRAR MEJOR LA NAVIDAD, ACONSEJA EL PAPA FRANCISCO.


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VATICANO, 20 Dic. 15 - Antes del rezo del Ángelus, el Papa Francisco señaló que el Evangelio del cuarto domingo de Adviento “pone de manifiesto la figura de María”, y aseguró a los fieles que para celebrar de modo provechoso la Navidad, deben detenerse en “tres lugares” del asombro en la vida cotidiana: reconocer al otro como hermano, el estupor de la historia y la Iglesia. Ante los fieles reunidos en la Plaza de San Pedro, el Pontífice reflexionó sobre el pasaje evangélico en que María visita a su prima Isabel. “La Virgen, que lleva en sí un don y un misterio más grande aún, va a ver a Isabel y permanece con ella tres meses. En el encuentro entre las dos mujeres – imagínense – una anciana y la otra joven, es la joven, María, quien saluda en primer lugar”.
”Después de aquel saludo, Isabel se siente envuelta por un gran estupor – no se olviden de esta palabra: estupor. El estupor –. Isabel se siente envuelta por un gran estupor que resuena en sus palabras: ‘¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a visitarme?’. Y se abrazan, se besan gozosas estas dos mujeres: la anciana y la joven, ambas embarazadas”, señaló el  Pontífice.
En ese sentido, aseguró a los fieles que para celebrar de modo provechoso la Navidad, “estamos llamados a detenernos en los ‘lugares’ del estupor. ¿Y cuáles son estos lugares del estupor en la vida cotidiana? Son tres. El primer lugar es el otro, en el cual reconocer a un hermano, porque desde que se produjo el Nacimiento de Jesús, cada rostro lleva impresas las semblanzas del Hijo de Dios. Sobre todo cuando es el rostro del pobre, porque como pobre, Dios entró en el mundo y dejó, ante todo, que los pobres se acercaran a Él”.
“Otro lugar del estupor en el que, si miramos con fe, experimentamos precisamente el estupor es la historia”, dijo Francisco. “Tantas veces creemos que la vemos por el lado justo, y en cambio corremos el riesgo de leerla al revés. Sucede, por ejemplo, cuando ella nos parece determinada por la economía de mercado, regulada por la finanza y las especulaciones, dominada por los poderosos de turno”.
“En cambio, el Dios de la Navidad es un Dios que ‘desordena las cartas’. Le gusta hacerlo, ¡eh!  Como canta María en el Magníficat, es el Señor quien derriba a los poderosos de su trono y eleva a los humildes, colmando de bienes a los hambrientos y despidiendo a los ricos con las manos vacías. Este es el segundo estupor, el estupor de la historia”.
Seguidamente dijo que “un tercer lugar del estupor es la Iglesia: mirarla con el estupor de la fe significa no limitarse a considerarla sólo como una institución religiosa, que es, sino sentirla como una Madre que, aun entre manchas  y arrugas – ¡tenemos tantas! – deja translucir los lineamientos de la Esposa amada y purificada por Cristo Señor”.
“Una Iglesia que sabe reconocer los muchos signos de amor fiel que Dios le envía continuamente. Una Iglesia por la cual el Señor Jesús jamás será una posesión que hay que defender celosamente: los que hacen esto se equivocan, sino siempre Aquel que sale a su encuentro y que ella sabe esperar con confianza y alegría, dando voz a la esperanza del mundo”.
“La Iglesia que llama al Señor: ‘¡Ven, Señor Jesús!’. La Iglesia madre que siempre tiene las puertas abiertas de par en par y los brazos abiertos para acoger a todos. Es más, la Iglesia madre que sale de sus propias puertas para buscar con sonrisa de madre a todos los alejados y llevarlos a la misericordia de Dios. ¡Este es el estupor de la Navidad!”, expresó.
Francisco recordó que “en Navidad Dios se nos da totalmente a Sí mismo donando a su Hijo, el Único que es toda su alegría. Y sólo con el corazón de María, la humilde y pobre hija de Sion, que se convirtió en Madre del Hijo del Altísimo, es posible exultar y alegrarse por el gran don de Dios y por su imprevisible sorpresa”.
En ese sentido, pidió a la Virgen que “nos ayude a percibir el estupor, estos tres estupores: el otro, la historia y la Iglesia; así para el nacimiento de Jesús, el don de los dones, el regalo inmerecido que nos trae la salvación, nos hará sentir también a nosotros este gran estupor en el encuentro con Jesús. Pero no podemos tener este estupor, no podemos encontrar a Jesús, si no lo encontramos en los demás, en la historia y en la Iglesia”.

martes, 1 de diciembre de 2015

5 DETALLES QUE QUIZÁS NO CONOCÍAS DE LA CORONA DE ADVIENTO.

La Iglesia se prepara a iniciar el tiempo de Adviento este domingo 29 de noviembre y como es tradición los fieles se reunirán para rezar y encender la primera vela. Aquí 5 cosas que todo cristiano debe saber de la famosa Corona de Adviento.  
1. Tradición y evangelización
La Corona de Adviento tiene su origen en una tradición pagana europea que consistía en prender velas durante el invierno para representar al fuego del dios sol y para que regresara con su luz y calor durante el invierno. Los primeros misioneros aprovecharon esta tradición para evangelizar a las personas. Partían de sus costumbres para enseñarles la fe católica.
2. ¿Por qué debe tener una forma circular?
Tiene forma circular porque el círculo no tiene principio, ni fin. Es señal del amor de Dios que es eterno y también de nuestro amor al Señor y al prójimo que debe renovarse constantemente y nunca detenerse.
3. Usar ramas verdes
Verde es el color de la esperanza y vida, y Dios quiere que busquemos su gracia, el perdón de los pecados y la gloria eterna al final de nuestras vidas. El anhelo más importante debe ser el llegar a una unión más estrecha con Dios, nuestro Padre, así como el árbol y sus ramas.
4. Lleva cuatro velas
Las velas permiten reflexionar en la obscuridad provocada por el pecado que ciega al hombre y lo aleja de Dios. Después de la primera caída del hombre, Dios fue dando poco a poco una esperanza de salvación que iluminó todo el universo, como las velas la Corona.
En este sentido, así como las tinieblas se disipan con cada vela que encendemos, los siglos se fueron iluminando cada vez más con la cercana llegada de Cristo al mundo.
Las cuatro velas que se colocan en la Corona de Adviento se van prendiendo semana a semana, en los cuatro domingos de adviento, y con una oración especial.
5.- Incluye una vela rosada
Tradicionalmente las velas de la Corona de Adviento son tres moradas y una rosada que se enciende el Tercer Domingo de Adviento. Este día es también llamado “Domingo de Gaudete”, o de la alegría, debido a la primera palabra del introito de la Misa: Gaudete. Es decir, regocíjense.
En la Celebración Eucarística de este día, los ornamentos del sacerdote y los manteles del altar son de color rosa como signo de gozo y se invita a los fieles a alegrarse porque ya está cerca el Señor.
En algunos lugares, todas las velas de la Corona se sustituyen por velas rojas y en la Noche de Navidad, en el centro, se coloca una vela blanca o sirio simbolizando a Cristo como centro de todo cuanto existe.
Sugerencias
a) Ármala o decórala en familia y motiva a los niños a vivir el Adviento explicándoles esta costumbre y su significado.
b) Colócala en un sitio especial del hogar, de preferencia en un lugar fijo donde la puedan ver los miembros de la familia para recordar la venida de Jesús y la importancia de prepararse para la Navidad.
c) Establece con anticipación el horario en el que se encenderán las velas y usa una liturgia cada semana.
d) Recuerda que así como se prepara la visita de un invitado, con la tradición de la Corona esperamos a Jesús, el invitado más importante que podemos tener en nuestra familia.
e) En las liturgias de Adviento, distribuye las funciones entre los miembros de la familia para que todos participen y se sientan involucrados en la ceremonia.
Estos son algunos roles:

  • Arreglar y limpiar el lugar donde irá la Corona antes de comenzar la liturgia.
  • Encender y apagar las velas.
  • Dirigir el canto o poner la grabadora con algún villancico.
  • Dirigir las oraciones.
  • Leer las lecturas.

lunes, 5 de enero de 2015

NO HAY FUTURO SIN PROYECTOS DE PAZ, DICE EL PAPA FRANCISCO.


La Paz fue la protagonista de las palabras del Papa Francisco antes de la oración mariana del Ángelus en el  primer domingo del año. Recibido con una gran ovación cuando apareció puntualmente en la ventana del Palacio Apostólico, Francisco advirtió que “no hay futuro sin propósitos y proyectos de paz”.
Habló de los diferentes conflictos bélicos que en pleno año 2015 llenan de sangre la historia de muchas poblaciones del mundo, y por ello insiste en que “debemos convencernos de que la concordia es siempre posible”. Y así comenzando el año y reviviendo el nacimiento del Señor, recuerda que la paz fue anunciada como regalo especial de Dios con la llegada de su hijo, “Paz en la tierra a los hombres que aman al Señor” (Lc 2,14). Francisco con su especial forma de comunicación, y de hacer llevar los problemas del mundo a nuestra conciencia, a nuestro día a día, explicó que cada uno de nosotros tiene una misión de combatir la guerra y de llegar a la paz, “todos estamos llamados a reencender en nuestro corazón un impulso de esperanza, que debe traducirse en concretas obras de paz, de reconciliación y de fraternidad”. En este contexto explica que los pequeños gestos tiene mucho valor, “pueden ser semillas que dan esperanza”.
Pidió invocar a la Virgen María quien, como recuerda Francisco, en su vida terrena vivió muchas dificultades, pero que nunca ha perdido la paz en el corazón.
Francisco ha anunciado que el próximo 14 de febrero se celebrará un Consistorio en el cual creará 15 nuevos cardenales, cuatro de ellos de habla española: Mons. Alberto Suárez Inda, arzobispo de Morelia (México), Mons. Daniel Fernando Sturla Berhouet, S.D.B, Arzobispo de Montevideo (Uruguay), Mons. Ricardo Blázquez Pérez, Arzobispo de Valladolid (España), Mons. José Luis Lacunza Maestrojuán, O. A. R. Obispo de David (Panamá). 
Queridos hermanos y hermanas,
¡Buenos días! Bello domingo nos regala el año nuevo. ¡Bella jornada!
San Juan dice en el Evangelio que hemos leído hoy: «En ella estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la percibieron». «La Palabra era la luz verdadera que, al venir a este mundo, ilumina a todo hombre» (Jn. 1,1-18).Los hombres hablan tanto de la luz, pero a menudo prefieren la tranquilidad engañadora de la oscuridad. Nosotros hablamos mucho de la paz, pero a menudo recurrimos a la guerra o elegimos el silencio cómplice o no hacemos nada concreto para construir la paz. De hecho, San Juan dice: «Vino a los suyos, y los suyos no la recibieron. Porque el juicio es éste: la luz - Jesús - ha venido al mundo, pero los hombres prefirieron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Cualquier persona, de hecho, que hace el mal, odia la luz. Y no viene a la luz para que sus obras no sean reprendidas. Así dice el Evangelio de San Juan. El corazón del hombre puede rechazar la luz y preferir las tinieblas, porque la luz descubre sus malas obras. ¡Quien hace el mal, odia la luz! ¡Quien hace el mal, odia la paz!
Hemos iniciado hace pocos días el año nuevo en el nombre de la Madre de Dios, celebrando la Jornada Mundial de la Paz, sobre el tema “No esclavos, sino hermanos”. Mi auspicio es que se supere la explotación del hombre por parte del hombre. Esta explotación es un plaga social que mortifica las relaciones interpersonales e impide una vida de comunión marcada por el respeto, la justicia y la caridad. Cada hombre y cada pueblo tiene hambre y sed de paz; cada hombre y cada pueblo tiene hambre y sed de paz…por lo que es necesario y urgente construir la paz.
La paz no es solamente la ausencia de guerra, sino una condición general en la cual la persona humana está en armonía consigo misma, en armonía con la naturaleza y en armonía con los demás. Ésta es la paz. Sin embargo, silenciar las armas y apagar los focos de guerra sigue siendo la condición inevitable para dar inicio a un camino que conduce al logro de la paz en sus diferentes aspectos. Pienso en los conflictos que todavía ensangrientan demasiadas regiones del planeta, en las tensiones en las familias y comunidades: ¡en cuántas familias, en cuántas comunidades también parroquiales hay guerras! Así como también en los contrastes encendidos en nuestras ciudades, nuestros países, entre grupos de diferentes estratos culturales, étnicos y religiosos. Tenemos que convencernos, no obstante todas las apariencias en contrario, que la concordia es siempre posible, en todos los niveles y en todas las situaciones. ¡No hay futuro sin propósitos y proyectos de paz! ¡No hay futuro sin paz!
Dios en el Antiguo Testamento hacía una promesa. El profeta Isaías decía: «Con sus espadas forjarán arados y podaderas con sus lanzas. No levantará la espada una nación contra otra ni se adiestrarán más para la guerra» (Is 2, 4). ¡Es bello! La paz es anunciada como don especial de Dios en el nacimiento del Redentor: «Paz a los hombres que amados por Él». (Lc 2, 14)Ese don debe ser incesantemente implorado en la oración. Recordemos, aquí, en la plaza, aquel cartel: “En la raíz de la paz está la oración”. Este don tiene que ser implorado y tiene que ser recibido cada día con compromiso, en las situaciones en las que nos encontramos. En los albores de este nuevo año, todos nosotros estamos llamados a reavivar en el corazón un impulso de esperanza, que debe traducirse en obras concretas de la paz. “¿Tu no estás bien con esto? ¡Haz la paz! En tu casa, ¡haz la paz! En tu comunidad,  ¡haz la paz! En tu trabajo, ¡haz la paz! Obras de paz, de reconciliación y fraternidad. Cada uno de nosotros debe cumplir gestos de fraternidad hacia su prójimo especialmente hacia quienes están extenuados por tensiones familiares o disidencias de diversa índole. Estos pequeños gestos tienen mucho valor: pueden ser semillas que dan esperanza, puede abrir caminos y perspectivas de paz.
Invoquemos ahora a María, Reina de la Paz. Ella, durante su vida terrena, conoció no pocas dificultades, relacionadas con la fatiga diaria de la existencia. Pero nunca perdió la paz del corazón, fruto del abandono confiado en la misericordia de Dios. A María, nuestra tierna Madre, le pedimos que indique al mundo entero el camino seguro del amor y de la paz. Ángelus domini...
Después del Ángelus el Papa dijo: 
Queridos hermanos y hermanas, dirijo un cordial saludo a todos ustedes, queridos peregrinos que han venido de Italia y de varios países para participar en este encuentro de oración.
En particular, saludo a los fieles de Casirate d'Adda, Alfianello, Val Brembilla y Verona.
A cada uno expreso el deseo de pasar en la paz y en la serenidad este segundo domingo después de Navidad, en el cual se prolonga la alegría del nacimiento de Jesús…
(Traducción del italiano: Griselda Mutual, RV)

sábado, 27 de diciembre de 2014

EL PAPA ENVÍA CARTA DE NAVIDAD A LOS CRISTIANOS PERSEGUIDOS DE MEDIO ORIENTE.

Pesebre en campamento de cristianos refugiados en Irak / Foto: Captura de Youtube (AIN / Anton Fric)
VATICANO, 23 Dic. 14- La Santa Sede publicó el martes pasado la carta que el Papa Francisco envió a los cristianos en Medio Oriente con motivo de la Navidad, para expresarles su cercanía y agradecerles su testimonio de fe a pesar de las persecuciones del Estado Islámico (ISIS), e instar nuevamente a la comunidad internacional a hacer todos los esfuerzos por detener la violencia “que ya ha causado demasiado daño”. “No están solos”, aseguró Francisco, “realmente espero tener la gracia de ir en persona a visitarlos y confortarlos”.
A continuación la carta completa del Papa Francisco:
''Queridos hermanos y hermanas: ‘¡Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de las misericordias y Dios de todo consuelo, que nos consuela en cualquier tribulación nuestra hasta el punto de poder consolar nosotros a los demás en cualquier lucha, mediante el consuelo con que nosotros mismos somos consolados por Dios!’
Fueron estas palabras del apóstol Pablo las que se me vinieron a la mente cuando pensaba dirigirme a ustedes, hermanos cristianos de Oriente Medio. Lo hago a las puertas de la Navidad, a sabiendas de que para muchos de ustedes las notas de los villancicos estarán mezcladas con lágrimas y suspiros. Sin embargo, el nacimiento del Hijo de Dios en nuestra carne humana es un misterio inefable de consolación: 'Pues se ha manifestado la gracia de Dios, que trae la salvación para todos los hombres'.
Por desgracia, nunca han faltado tribulación ni aflicción en Oriente Medio tanto en el pasado como recientemente. En los últimos meses se han agravado debido a los conflictos que afligen a la Región, pero especialmente por la actividad de una reciente y preocupante organización terrorista, de unas dimensiones nunca antes vistas, que comete todo tipo de abusos y prácticas inhumanas, golpeando especialmente a aquellos de ustedes que han sido brutalmente expulsados de sus tierras, en las que los cristianos están presentes desde la época apostólica.
Al dirigirme a ustedes, no puedo olvidarme de otros grupos religiosos y étnicos que sufren también la persecución y las consecuencias de estos conflictos. Sigo cada día las noticias del inmenso sufrimiento de tantas personas en Oriente Medio. Pienso especialmente en los niños, las madres, los ancianos, los desplazados y refugiados, los que pasan hambre, los que tienen que soportar la dureza del invierno sin un techo bajo el que protegerse. Este sufrimiento clama a Dios y apela al compromiso de todos nosotros, con la oración y todo tipo de iniciativas. Deseo hacer llegar a todos mi cercanía y solidaridad, así como la de la Iglesia, y dar una palabra de consuelo y esperanza.
Queridos hermanos y hermanas, que con valentía dan testimonio de Jesús en su tierra bendecida por el Señor, nuestro consuelo y nuestra esperanza es Cristo. Por tanto, los animo a permanecer unidos a Él, como los sarmientos a la vid, seguros de que ni la tribulación, la angustia o la persecución podrán separarnos de Él. Que la prueba que están atravesando fortalezca su fe y fidelidad.
Rezo para que vivan la comunión fraterna a ejemplo de la primera comunidad de Jerusalén. La unidad querida por nuestro Señor es más necesaria que nunca en estos tiempos difíciles; es un don de Dios que interpela a nuestra libertad y espera nuestra respuesta. Que la Palabra de Dios, los sacramentos, la oración y la fraternidad, alimenten y renueven continuamente sus comunidades.
La situación en que viven es una fuerte llamada a la santidad de vida, como así lo han atestiguado los santos y mártires de diversa pertenencia eclesial. Recuerdo con afecto y veneración a los Pastores y fieles a los que en los últimos tiempos se les ha pedido el sacrificio de la vida, a menudo por el mero hecho de ser cristianos. También pienso en las personas secuestradas, entre las cuales se encuentran algunos Obispos ortodoxos y sacerdotes de diversos ritos. ¡Ojalá puedan volver pronto sanos y salvos a sus casas y comunidades! Le pido a Dios que tanto sufrimiento unido a la cruz del Señor dé frutos abundantes para la Iglesia y los pueblos de Oriente Medio.
En medio de las enemistades y los conflictos, la comunión vivida entre ustedes, con fraternidad y sencillez, es un signo del Reino de Dios. Me alegro de las buenas relaciones y la cooperación entre los Patriarcas de las Iglesias orientales católicas y los Ortodoxos, así como entre los fieles de las diversas Iglesias. El sufrimiento que padecen los cristianos constituye una aportación inestimable a la causa de la unidad. Se trata del ecumenismo de la sangre, que requiere abandonarse confiadamente a la acción del Espíritu Santo.
¡Que puedan dar siempre testimonio de Jesús en medio de las dificultades! Su presencia es valiosa para Oriente Medio. Son un pequeño rebaño, pero con una gran responsabilidad en la tierra en que nació y se extendió el cristianismo. Son como la levadura en la masa. Antes que cualquiera de las actividades de la Iglesia en el ámbito de educativo, sanitario o asistencial, tan valoradas por todos, la mayor riqueza para la región son los cristianos, son ustedes. Gracias por su perseverancia.
Sus intentos por colaborar con personas de otras religiones, con judíos y musulmanes, es otro signo del Reino de Dios. El diálogo interreligioso es tanto más necesario cuanto más difícil es la situación. No hay otro camino. El diálogo basado en una actitud de apertura, en la verdad y el amor, es también el mejor antídoto contra la tentación del fundamentalismo religioso, que es una amenaza para los creyentes de todas las religiones. El diálogo es a la vez un servicio a la justicia y una condición necesaria para la tan deseada paz.
La mayor parte de ustedes vive en un ambiente de mayoría musulmana. Pueden ayudar a sus conciudadanos musulmanes a presentar con discernimiento una imagen más auténtica del Islam, como quieren muchos de ellos, que repiten que el Islam es una religión de paz, que se puede armonizar con el respeto de los derechos humanos y favorecer la convivencia de todos. Será algo bueno para ellos y para toda la sociedad. La dramática situación que viven nuestros hermanos cristianos en Irak, y también los Yazidíes y los miembros de otras comunidades religiosas y étnicas, exige por parte de todos los líderes religiosos una postura clara y valiente, para condenar unánimemente y sin rodeos esos crímenes, y denunciar la práctica de invocar la religión para justificarlos.
Queridos hermanos, casi todos ustedes son ciudadanos nativos de sus países y, por lo tanto, tienen el deber y el derecho de participar plenamente en la vida y crecimiento de su nación. En la Región están llamados a ser constructores de paz, de reconciliación y desarrollo, a promover el diálogo, construir puentes, según el espíritu de las bienaventuranzas, a proclamar el evangelio de la paz, dispuestos a colaborar con todas las autoridades nacionales e internacionales.
Deseo expresar mi especial reconocimiento y gratitud a todos ustedes, queridos hermanos Patriarcas, Obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas, que acompañan con solicitud el camino de sus comunidades. ¡Qué preciosa es la presencia y actividad de los que se han consagrado totalmente al Señor y lo sirven en los hermanos, especialmente en los más necesitados, testimoniando su grandeza y su amor infinito! ¡Qué importante es la presencia de los Pastores junto a su rebaño, especialmente en los momentos de dificultad!
A ustedes, jóvenes, les mando un abrazo paternal. Rezo por su fe, por su crecimiento humano y cristiano, y para que sus mejores proyectos se cumplan. Y les repito: ''No tengan miedo ni vergüenza de ser cristianos. La relación con Jesús los hará disponibles para colaborar sin reservas con sus conciudadanos, con independencia de su afiliación religiosa''
A ustedes, ancianos, les hago llegar mis sentimientos de aprecio. Son la memoria de sus pueblos; espero que esta memoria sea semilla de crecimiento para las nuevas generaciones.
Me gustaría alentar a aquellos de ustedes que trabajan en las áreas tan importantes de la caridad y de la educación. Admiro el trabajo que están haciendo, especialmente a través de Cáritas y con la ayuda de otras organizaciones caritativas católicas de diferentes países, ayudando a todos sin distinción. A través del testimonio de la caridad, ofrecen el apoyo más valioso a la vida social y también contribuyen a la paz, de la que la Región está tan hambrienta como de pan. Pero también en el ámbito de la educación está en juego el futuro de la sociedad. Qué importante es la educación en la cultura del encuentro, del respeto de la dignidad de la persona y del valor absoluto de todo ser humano.
Queridos hermanos, aunque pocos en número, son protagonistas de la vida de la Iglesia y de los países en los que viven. Toda la Iglesia está con ustedes y los apoya, con gran afecto y estima por sus comunidades y su misión. Vamos a seguir ayudándolos con la oración y otros medios disponibles.
Al mismo tiempo, sigo instando a la Comunidad internacional para que venga en ayuda de sus necesidades y de las otras minorías que sufren; en primer lugar, promoviendo la paz a través de la negociación y la actividad diplomática, tratando de atajar y detener cuanto antes la violencia que ya ha causado demasiado daño. Reitero la más firme condena del tráfico de armas. Necesitamos en cambio proyectos e iniciativas de paz, para promover una solución global a los problemas de la Región. ¿Hasta cuándo tendrá que seguir sufriendo Oriente Medio por la falta de paz? No podemos resignarnos a los conflictos como si no fuera posible un cambio. En sintonía con mi peregrinación a Tierra Santa y el posterior encuentro de oración en el Vaticano con los Presidentes israelita y palestino, los invito a seguir orando por la paz en Oriente Medio. Que quien se vio obligado a abandonar sus tierras, pueda regresar y vivir con dignidad y seguridad. Que la asistencia humanitaria se incremente, siempre buscando el bien de la persona y de cada país, respetando su propia identidad, sin anteponer otros intereses. Que toda la Iglesia y la Comunidad internacional sean cada vez más conscientes de la importancia de su presencia en la Región.
Queridos hermanas y hermanos cristianos de Oriente Medio, tienen una gran responsabilidad y no están solos frente a ella. Por eso he querido escribirles para animarlos y para decirles lo valiosa que es su presencia y su misión en esta tierra bendecida por el Señor. Su testimonio me hace mucho bien. Gracias. Todos los días rezo por ustedes y sus intenciones. Les doy las gracias porque sé que ustedes, en sus sufrimientos, rezan por mí y por mi servicio a la Iglesia. Realmente espero tener la gracia de ir en persona a visitarlos y confortarlos. Que la Virgen María, la Santísima Madre de Dios y Madre nuestra, los acompañe y proteja siempre con su ternura. A todos ustedes y a sus familias imparto la Bendición Apostólica con el deseo de que vivan la Santa Navidad en el amor y la paz de Cristo Salvador''.

miércoles, 24 de diciembre de 2014

PAPA FRANCISCO: VIVAMOS UNA NAVIDAD "VERDADERAMENTE CRISTIANA, LIBRES DE TODA MUNDANIDAD"

VATICANO, 21 Dic. 14- Al presidir hoy el rezo del Ángelus en el cuarto y último domingo de Adviento, a pocos días de Navidad, el Papa Francisco invitó a los fieles a vivir una Navidad “verdaderamente cristiana”, al tiempo que señaló a María y a José como ejemplos de cómo recibir a Jesús en nuestras almas.
El Santo Padre indicó que “hoy, cuarto y último Domingo de Adviento, la liturgia quiere prepararnos a la Navidad, ya a las puertas, invitándonos a meditar el relato del anuncio de Ángel a María. El Arcángel Gabriel revela a la Virgen la voluntad del Señor, que ella se convierta en la madre de su Hijo unigénito: ‘Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús; él será grande y será llamado Hijo del Altísimo’.
“Fijemos la mirada sobre esta sencilla muchacha de Nazaret, en el momento en que se vuelve disponible al mensaje divino con su ‘sí’; captamos dos aspectos esenciales de su actitud, que es para nosotros modelo de cómo prepararse a la Navidad”.
Según cita Radio Vaticano, el Papa destacó “ante todo” la fe de María, “que consiste en escuchar la Palabra de Dios para abandonarse a esta Palabra con plena disponibilidad de mente y de corazón”.
“Al responder al Ángel María dijo: ‘Yo soy la sierva del Señor, que se cumpla en mí lo que has dicho’. En su ‘sí’ lleno de fe, María no sabe por cuáles caminos deberá aventurarse, cuáles dolores deberá padecer, cuáles riesgos afrontar. Pero es consciente que es el Señor quien pide y ella se fía totalmente de Él, se abandona a su amor. Ésta es la fe de María”.
Francisco señaló que “otro aspecto es la capacidad de la Madre de Cristo de reconocer el tiempo de Dios. María es aquella que ha hecho posible la encarnación del Hijo de Dios, ‘revelando un misterio que fue guardado en secreto desde la eternidad’”.
María, subrayó el Santo Padre, “ha hecho posible la encarnación del Verbo gracias precisamente a su ‘sí’ humilde y valiente. María nos enseña a comprender el momento favorable en que Jesús pasa por nuestra vida y pide una respuesta rápida y generosa”.
“Y Jesús pasa. En efecto, el misterio del nacimiento de Jesús en Belén, que se produjo históricamente hace ya más de dos mil años, se produce como evento espiritual, en el ‘hoy’ de la Liturgia”.
Francisco aseguró que “el Verbo, que encontró morada en el seno virginal de María, en la celebración de la Navidad viene a llamar nuevamente al corazón de cada cristiano. Pasa y llama. Cada uno de nosotros está llamado a responder, como María, con un ‘sí’ personal y sincero, poniéndose plenamente a disposición de Dios y de su misericordia, de su amor”.
“Eh, cuántas veces Jesús pasa por nuestra vida. Y cuántas veces nos envía un ángel. Y cuántas veces no nos damos cuenta, porque estamos tan ocupados e inmersos en nuestros pensamientos, en nuestros asuntos e incluso, en estos días, en nuestra preparación de la Navidad, que no nos damos cuenta que Él pasa y llama a la puerta de nuestro corazón pidiendo acogida, pidiendo un ‘sí’, como el de María”.
El Santo Padre recordó que “in santo decía: ‘Tengo temor de que el Señor pase’. ¿Saben por qué tenía temor? Temor de no darse cuenta y dejarlo pasar”.
“Cuando nosotros sentimos en nuestro corazón: ‘Pero yo querría ser más bueno, más buena, me he arrepentido de esto que he hecho’, aquí está precisamente el Señor que llama, que te hace sentir ganas de ser mejor, las ganas de permanecer más cerca de los demás, de Dios”.
“Si tú sientes esto, detente. Allí está el Señor. Y ve a rezar, tal vez a la Confesión. A limpiar un poco el orujo. Eso hace bien. Pero acuérdate bien, si tú sientes esas ganas de mejorar, es Él quien llama. No lo dejes pasar”.
El Papa destacó que “en el misterio de la Navidad, junto a María está la silenciosa presencia de San José, tal como es representada en todo pesebre, también en el que pueden admirar aquí, en la Plaza de San Pedro”.
“El ejemplo de María y de José es para todos nosotros una invitación a recibir acoger, con total apertura del alma a Jesús, que por amor se ha hecho nuestro hermano”.
Jesús, dijo, “viene a traer al mundo el don de la paz: ‘En la tierra, paz a los hombres que él ama’, como anunciaron a coro los ángeles a los pastores. El don precioso de la Navidad es la paz, y Cristo es nuestra paz verdadera. Y Cristo llama a nuestros corazones para darnos la paz. La paz del alma. Abramos las puertas a Cristo”.


“Nos encomendamos a la intercesión de nuestra Madre y de San José, para vivir una Navidad verdaderamente cristiana, libres de toda mundanidad, dispuestos a acoger al Salvador, el Dios-con-nosotros”, concluyó.

jueves, 19 de diciembre de 2013

¡DEN DE COMER A LOS QUE TIENEN HAMBRE! CLAMA EL PAPA FRANCISCO

ROMA, 16 Dic. El Papa Francisco reiteró su clamor para acabar con el "escándalo" de la falta de alimentos para muchísimas personas en el mundo y exclamó en un mensaje dirigido a la humanidad: "¡Den de comer a los que tienen hambre!"
El Santo Padre hizo esta enérgica exhortación en una reciente entrevista hecha por el periodista italiano Andrea Tornielli del diario La Stampa, reflexionado sobre el hambre en el mundo: "con la comida que dejamos y tiramos podríamos dar de comer a muchísima gente. Si lográramos no desperdiciar, reciclar la comida, el hambre en el mundo disminuiría mucho"."Me impresionó leer una estadística que habla de 10 mil niños que mueren de hambre cada día en el mundo. Hay muchos niños que lloran porque tienen hambre. El otro día, en la audiencia del miércoles, atrás de una valla había una joven mamá con su niño de pocos meses. Cuando pasé, el niño lloraba mucho. La mamá lo acariciaba. Le dije: ‘Señora, creo que el pequeño tiene hambre’. Ella respondió: ‘Sí, ya es hora…’. Y le dije: "¡Pero dele de comer, por favor!’"."Ella tenía pudor, no quería amamantarlo en público, mientras pasaba el Papa. Entonces quisiera decir lo mismo a la humanidad: ¡den de comer! Esa mujer tenía la leche para su niño, en el mundo tenemos suficiente comida para que coman todos. Si trabajáramos con las organizaciones humanitarias y lográramos ponernos todos de acuerdo para no desperdiciar comida, mandándola a los que la necesitan, contribuiríamos mucho para resolver la tragedia del hambre en el mundo"."Quisiera repetir a la humanidad lo que dije a aquella mamá: ¡den de comer a los que tienen hambre! Que la esperanza y la ternura de la Navidad del Señor nos sacudan de la indiferencia".
Sufrimiento inocente
El Papa luego se refiere al sufrimiento inocente y comenta que "para mí, Dostoyevski ha sido un maestro de vida, y su pregunta, explícita e implícita, siempre ha rondado mi corazón: ¿por qué sufren los niños? No hay explicación"."Me viene esta imagen: en cierto momento de su vida, el niño se "despierta"; no entiende muchas cosas, se siente amenazado, empieza a hacer preguntas a su papá o a su mamá. Es la edad del "por qué". "Pero cuando el hijo pregunta, luego no escucha todo lo que le tienes que decir y te acorrala con nuevos ‘por qué’. Lo que busca, más que una explicación, es la mirada del papá que le da seguridad. Frente a un niño que sufre, la única oración que me viene es la oración del ‘por qué’. ¿Señor, por qué? Él no me explica nada, pero siento que está viéndome. Entonces puedo decir: ‘Tú sabes por qué, yo no lo sé y Tú no me lo dices, pero me ves y yo confío en Ti, Señor, confío en tu mirada’"