Todos los domingos por la mañana, Eucaristía con los jóvenes

Todos los domingos por la mañana, Eucaristía con los jóvenes
Altar. Capilla Ntra Sra. del Rosario.
Mostrando entradas con la etiqueta niños. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta niños. Mostrar todas las entradas

jueves, 15 de octubre de 2015

CATEQUESIS DEL PAPA SOBRE "LAS PROMESAS DE AMOR" A LOS NIÑOS.

VATICANO, 14 Oct. 15 - El Papa Francisco volvió a celebrar la Audiencia General en la Plaza de San Pedro y a dedicar su catequesis a la familia, en concreto sobre “las promesas que hacemos a los niños”. Se trata de una “promesa de amor” que ellos esperan sea cumplida desde el inicio de su vida y es protegida por Dios. Pero advirtió de que puede ser destruida si “los niños son heridos por un ‘escándalo’ insoportable”.
A continuación el texto completo de la catequesis gracias a Radio Vaticano:
Queridos hermanos y hermanas ¡buenos días!
Hoy como las previsiones del tiempo eran un poco inseguras, se esperaba la lluvia, esta audiencia se realiza contemporáneamente en dos lugares, nosotros en la plaza y 700 enfermos en el aula Pablo VI que siguen la audiencia en las pantallas, todos estamos unidos, saludamos a ellos con un aplauso.
La palabra de Jesús es fuerte hoy ¡Ay del mundo a causa de los escándalos! Jesús es realista y dice que es inevitable que vengan los escándalos pero ¡ay del hombre que causa el escándalo!
Yo quisiera antes de iniciar la catequesis, a nombre de la Iglesia, pedirles perdón por los escándalos que en estos últimos tiempos han ocurrido sea en Roma que en el Vaticano ¡les pido perdón!    
Hoy reflexionaremos sobre un argumento muy importante: las promesas, las promesas que hacemos a los niños. No hablo de las promesas que hacemos aquí o allá, durante el día, para ponerlos contentos o para hacer que se porten bien (quizá con algún truco inocente, te doy un caramelo, esas promesas…), para intentar a que se comprometan en la escuela o para disuadirlos de algún capricho. Hablo de otras promesas, de las promesas más importantes, decisivas para lo que esperan de la vida, para su confianza en los seres humanos, para su capacidad de concebir el nombre de Dios como una bendición. Son promesas que nosotros les hacemos a ellos.
Nosotros adultos estamos listos para hablar de los niños como una promesa de la vida. Todos decimos los niños son una promesa de la vida. Y también fácilmente nos conmovemos diciendo que los jóvenes son nuestro futuro. Es verdad. Pero me pregunto, a veces ¡si somos también serios con su futuro! Con el futuro de los niños, con el futuro de los jóvenes. Una pregunta que debemos hacernos más a menudo es esta: ¿Qué tan leales somos con las promesas que hacemos a los niños, trayéndolos a nuestro mundo? Nosotros los hacemos venir al mundo y esta es una promesa. ¿Qué le prometemos a ellos?
Acogida y cuidado, cercanía y atención, confianza y esperanza, son también promesas de base, que se pueden resumir en una sola: amor. Nosotros prometemos amor, es decir, el amor que se expresa en la acogida, el cuidado, en la cercanía, en la atención, en la confianza, en la esperanza. Pero la gran promesa es el amor. Este es el modo más adecuado para acoger a un ser humano que viene al mundo, y todos nosotros lo aprendemos, incluso antes de ser conscientes. A mí me gusta mucho cuando veo a los papás y mamás, cuando paso entre ustedes, trayéndome a un niño, una niña pequeños, pero ¿cuánto tiene? tres semanas, cuatro semanas, pero busco que el Señor lo bendiga, esto se llama amor también.  
La promesa, el amor es la promesa que el hombre y la mujer hacen a cada hijo: desde que es concebido en el pensamiento. Los niños vienen al mundo y esperan tener confirmación de esta promesa: lo esperan en modo total, confiado, indefenso. Basta mirarlos: en todas las etnias, en todas las culturas, ¡en todas las condiciones de vida! Cuando sucede lo contrario, los niños son heridos por un “escándalo”, por un escándalo insoportable, más grave, en cuanto no tienen los medios para descifrarlo. No pueden entender qué cosa sucede.
Dios vigila sobre esta promesa, desde el primer instante. ¿Recuerdan qué dice Jesús? Los ángeles de los niños reflejan la mirada de Dios, y Dios no pierde nunca de vista a los niños (cfr Mt 18,10). ¡Ay de aquellos que traicionan la confianza, ay! Su confiado abandono a nuestra promesa, que nos compromete desde el primer instante, nos juzga.
Y quisiera agregar otra cosa, con mucho respeto por todos, pero también con mucha franqueza. Su espontánea confianza en Dios no debería de ser nunca herida, sobre todo cuando eso ocurre con motivo de una cierta presunción (más o menos inconsciente) de ocupar el lugar de Dios. La tierna y misteriosa relación de Dios con el alma de los niños no debería ser nunca violada. Es una relación real que Dios la quiere y Dios la cuida. El niño está listo desde el nacimiento para sentirse amado por Dios, está listo para esto. Apenas está en grado de sentirse que es amado por sí mismo, un hijo siente también que hay un Dios que ama los niños.
Los niños, apenas nacidos, comienzan a recibir como don, junto a la comida y los cuidados, la confirmación de la cualidad espiritual del amor. Los actos de amor pasan a través del don del nombre personal, el lenguaje compartido, las intenciones de las miradas, las iluminaciones de las sonrisas. Aprenden así que la belleza del vínculo entre los seres humanos apunta a nuestra alma, busca nuestra libertad, acepta la diversidad del otro, lo reconoce y lo respeta como interlocutor.
Un segundo milagro, una segunda promesa: nosotros - papá y mamá – ¡nos donamos a ti, para donarte a ti mismo! Y esto es amor, ¡que trae una chispa de aquello de Dios! Pero ustedes papás y mamás tienen esta chispa de Dios que dan a los niños, ustedes son instrumento del amor de Dios y esto es bello, bello, bello.
Sólo si miramos los niños con los ojos de Jesús, podemos verdaderamente entender en qué sentido, defendiendo a la familia, protegemos a la humanidad! El punto de vista de los niños y el punto de vista del Hijo de Dios. La Iglesia misma, en el Bautismo, a los niños les hace grandes promesas, con las que compromete a los padres y a la comunidad cristiana. La santa Madre de Jesús -por medio de la cual el Hijo de Dios ha llegado a nosotros, amado y generado como un niño- haga a la Iglesia capaz de seguir el camino de su maternidad y de su fe. Y san José -hombre justo, que ha recibido y protegido, honrado valientemente la bendición y la promesa de Dios- nos haga a todos dignos de hospedar a Jesús en cada niño que Dios manda a la tierra. Gracias.

viernes, 28 de agosto de 2015

ES BELLO QUE MADRES ENSEÑEN A HIJOS A MANDAR UN BESO A JESÚS O A LA VIRGEN AFIRMA PAPA FRANCISCO.

Foto L'Osservatore Romano
VATICANO, 26 Ago. 15 - El Papa Francisco dedicó parte de su reflexión en la audiencia general de este miércoles a la enseñanza de las madres y los padres a sus niños. Sobre ello comentó que es bello cuando los pequeños aprenden a mandarle un beso a Jesús o a la Virgen.
El Santo Padre dijo que “un corazón habitado por el afecto por Dios convierte en oración incluso un pensamiento sin palabras, o una invocación ante de una imagen sagrada, o un beso enviado hacia la iglesia. Es bello cuando las madres enseñan a los hijos pequeños a mandar un beso a Jesús o a la Virgen. ¡Cuánta ternura hay en eso!”
“En aquel momento el corazón de los niños se transforma en lugar de oración y es un don del Espíritu Santo. ¡No olvidemos nunca pedir este don para cada uno de nosotros! Porque el Espíritu de Dios tiene su modo especial de decir en nuestros corazones ‘Abbà’, es decir, ‘Padre’, nos enseña a decir padre, del mismo modo como lo decía Jesús, un modo que no podremos nunca encontrar solos”.
El Pontífice resaltó luego que “en familia se aprende a pedir y apreciar ese don del Espíritu. Si lo aprendes con la misma espontaneidad con la cual aprendes a decir ‘papá’ y ‘mamá’, lo has aprendido para siempre”.
“Cuando esto sucede, el tiempo de la entera vida familiar viene envuelto en el vientre del amor de Dios, y busca espontáneamente el tiempo de la oración”.
Francisco también lamentó que en algunos lugares hay niños que no saben hacer la señal de la cruz:
“Una cosa que tengo en el corazón, que he visto en las ciudades: ¡hay niños que no han aprendido a hacer la señal de la Cruz! Tú mamá, papá, enseña al niño a rezar, a hacer la señal de la Cruz, esta es una tarea bella de las mamás y de los papás”.

jueves, 9 de abril de 2015

LOS NIÑOS NUNCA SON UN ERROR, DICE EL PAPA FRANCISCO

VATICANO, 08 Abr. 15 - “Hermanos y hermanas, piensen bien: ¡con los niños no se juega!”. Así de enérgico se mostró este miércoles por la mañana el Papa Francisco en su catequesis de la Audiencia General, la primera en el tiempo de Pascua. También consideró vergonzoso decir que traer un niño al mundo es un error.
El Papa dedicó el día a hablar de los niños, que son “el fruto más bonito de la bendición que el Creador ha dado al hombre y a la mujer”. Pero si en semanas anteriores explicó el “don” que son, esta vez habló de las “historias de pasión” que viven muchos de ellos.
“Muchos niños desde el inicio son rechazados, abandonados, despojados de su infancia y de su futuro. Alguno osa decir, casi para justificarse, que ha sido un error hacerle venir al mundo. ¡Esto es vergonzoso! ¡No descarguemos sobre los niños nuestras culpas por favor! Los niños nunca son 'un error'”.
El Pontífice afirmó que a pesar de la pobreza, la fragilidad, el abandono y el hambre que puedan sufrir no son un error, y tampoco por “su ignorancia o su incapacidad: hay muchos niños que no saben qué es un escuela”.
Todo lo contrario, “estos son motivos para amarlos más, con mayor generosidad. ¿Qué hacemos con  las solemnes declaraciones de los derechos del hombre y del niño si después castigamos a los niños por los errores de los adultos?”, se preguntó.
Por tanto, “aquellos que tienen el encargo de gobernar, de educar, diría que todos los adultos, somos responsables de los niños y de hacer cada uno lo que pueda para cambiar esta situación”.
Para el Santo Padre, “cada niño marginado, abandonado, que vive en las calles mendigando” y que se encuentra “sin escuela, sin cuidados médicos, es un grito que llega a Dios y que acusa a nuestro sistema, que lo adultos hemos construido. Y por desgracia estos niños son presa de los delincuentes, que les explotan para indignos tráficos y negocios, o les adiestran para la guerra y la violencia”.
Pero, advirtió Francisco, esto no se da sólo en países pobres, sino que “también en los considerados países ricos muchos niños viven dramas que les marcan de manera profunda a causa de la crisis de la familia, de los vacíos educativos y de las condiciones de vida a veces deshumanas”.
Se trata de “infancias violadas en el cuerpo y en el alma”, pero “¡ninguno de estos niños es olvidado por el Padre que está en los cielos!”, exclamó el Papa añadiendo: “¡Ninguna lágrima se pierde!, como tampoco se pierde nuestra responsabilidad, la responsabilidad social de las personas, de cada uno de nosotros y de los países”.
“Es conmovedora la narración evangélica: Le trajeron entonces a unos niños para que les impusiera las manos y orara sobre ellos. Los discípulos los reprendieron, pero Jesús les dijo: ‘Dejen a los niños, y no les impidan que vengan a mí, porque el Reino de los Cielos pertenece a los que son como ellos’. Y después de haberles impuesto las manos, se fue de allí”, afirmó.
“¡Como querría –dijo el Papa- que esta página se convirtiera en la historia normal de todos los niños! Es verdad que gracias a Dios los niños con graves dificultades encuentran muy a menudo padres extraordinarios, preparados para todo sacrificio y toda generosidad”.
No obstante, “¡estos padres no deben ser dejados solos! Debemos acompañarles en su fatiga, pero también ofrecer sus momentos de alegría compartida y de alegría despreocupada, para que no sean presos sólo de la rutina terapéutica”.
A su vez, el Obispo de Roma pidió no tratar a los niños con “fórmulas de defensa jurídica de oficina”, por ejemplo al decir: “después de todo, somos una organización de beneficencia” o “en lo privado, cada uno es libre de hacer lo que quiera” o también “lo siento, no podemos hacer nada”.
El Papa destacó que “demasiado a menudo sobre los niños recaen los efectos de tener un trabajo precario y mal pagado, de horarios insostenibles, de transportes ineficientes... Pero los niños pagan también el precio de uniones inmaduras y de separaciones irresponsables; son las primeras víctimas”. También “sufren los éxitos de la cultura de los derechos individuales exasperados, y se conviertan después en hijos más precoces”.1
El Pontífice alertó de que “a menudo absorben violencia que no están en grado de 'sobrellevar' y bajo los ojos de los grandes están obligados a acostumbrarse a la degradación”.
Sobre el papel de la Iglesia a este respecto, Francisco recordó que tanto ahora como en el pasado, la Iglesia “pone su maternidad al servicio de los niños y de sus familias”.
La Iglesia “a los padres y los hijos de este mundo les lleva la bendición de Dios, la ternura materna, el firme reproche y la condena decidida. Hermanos y hermanas, piensen bien: ¡Con los niños no se juega!”
“Piensen qué sería de una sociedad que decidiese, de una vez por todas, establecer este principio: 'es verdad que no somos perfectos y que cometemos muchos errores, pero cuando se trata de los niños que vienen al mundo, ningún sacrificio de los adultos será juzgado demasiado costoso o demasiado grande para evitar que un niño piense ser una equivocación, no valer nada y ser abandonado a las heridas de la vida y a la prepotencia de los hombres”.
“¡Qué bella sería una sociedad así! Yo digo que a esta sociedad se le perdonaría mucho, de sus innumerables errores. Mucho, de verdad”, afirmó.
Finalmente, Francisco señaló que “el Señor juzga nuestra vida escuchando lo que le cuenta los ángeles de los niños, ángeles que 'ven siempre el rostro del Padre que está en los cielos'. Preguntémonos siempre, ¿qué le contarán a Dios, de nosotros, estos ángeles de los niños?”
Durante el saludo en lengua italiana, el Papa dijo a los jóvenes que “sólo el Señor Jesús puede responder completamente a las aspiraciones de felicidad y de bien en vuestra vida”, a los enfermos que “no hay consuelo más bonito en vuestro sufrimiento que el de la certeza en la Resurrección de Cristo”; y a los recién casados les pidió vivir “vuestro matrimonio en concreta adhesión a Cristo y a las enseñanzas del Evangelio”.

jueves, 19 de diciembre de 2013

¡DEN DE COMER A LOS QUE TIENEN HAMBRE! CLAMA EL PAPA FRANCISCO

ROMA, 16 Dic. El Papa Francisco reiteró su clamor para acabar con el "escándalo" de la falta de alimentos para muchísimas personas en el mundo y exclamó en un mensaje dirigido a la humanidad: "¡Den de comer a los que tienen hambre!"
El Santo Padre hizo esta enérgica exhortación en una reciente entrevista hecha por el periodista italiano Andrea Tornielli del diario La Stampa, reflexionado sobre el hambre en el mundo: "con la comida que dejamos y tiramos podríamos dar de comer a muchísima gente. Si lográramos no desperdiciar, reciclar la comida, el hambre en el mundo disminuiría mucho"."Me impresionó leer una estadística que habla de 10 mil niños que mueren de hambre cada día en el mundo. Hay muchos niños que lloran porque tienen hambre. El otro día, en la audiencia del miércoles, atrás de una valla había una joven mamá con su niño de pocos meses. Cuando pasé, el niño lloraba mucho. La mamá lo acariciaba. Le dije: ‘Señora, creo que el pequeño tiene hambre’. Ella respondió: ‘Sí, ya es hora…’. Y le dije: "¡Pero dele de comer, por favor!’"."Ella tenía pudor, no quería amamantarlo en público, mientras pasaba el Papa. Entonces quisiera decir lo mismo a la humanidad: ¡den de comer! Esa mujer tenía la leche para su niño, en el mundo tenemos suficiente comida para que coman todos. Si trabajáramos con las organizaciones humanitarias y lográramos ponernos todos de acuerdo para no desperdiciar comida, mandándola a los que la necesitan, contribuiríamos mucho para resolver la tragedia del hambre en el mundo"."Quisiera repetir a la humanidad lo que dije a aquella mamá: ¡den de comer a los que tienen hambre! Que la esperanza y la ternura de la Navidad del Señor nos sacudan de la indiferencia".
Sufrimiento inocente
El Papa luego se refiere al sufrimiento inocente y comenta que "para mí, Dostoyevski ha sido un maestro de vida, y su pregunta, explícita e implícita, siempre ha rondado mi corazón: ¿por qué sufren los niños? No hay explicación"."Me viene esta imagen: en cierto momento de su vida, el niño se "despierta"; no entiende muchas cosas, se siente amenazado, empieza a hacer preguntas a su papá o a su mamá. Es la edad del "por qué". "Pero cuando el hijo pregunta, luego no escucha todo lo que le tienes que decir y te acorrala con nuevos ‘por qué’. Lo que busca, más que una explicación, es la mirada del papá que le da seguridad. Frente a un niño que sufre, la única oración que me viene es la oración del ‘por qué’. ¿Señor, por qué? Él no me explica nada, pero siento que está viéndome. Entonces puedo decir: ‘Tú sabes por qué, yo no lo sé y Tú no me lo dices, pero me ves y yo confío en Ti, Señor, confío en tu mirada’"