Todos los domingos por la mañana, Eucaristía con los jóvenes

Todos los domingos por la mañana, Eucaristía con los jóvenes
Altar. Capilla Ntra Sra. del Rosario.
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martes, 1 de diciembre de 2015

5 DETALLES QUE QUIZÁS NO CONOCÍAS DE LA CORONA DE ADVIENTO.

La Iglesia se prepara a iniciar el tiempo de Adviento este domingo 29 de noviembre y como es tradición los fieles se reunirán para rezar y encender la primera vela. Aquí 5 cosas que todo cristiano debe saber de la famosa Corona de Adviento.  
1. Tradición y evangelización
La Corona de Adviento tiene su origen en una tradición pagana europea que consistía en prender velas durante el invierno para representar al fuego del dios sol y para que regresara con su luz y calor durante el invierno. Los primeros misioneros aprovecharon esta tradición para evangelizar a las personas. Partían de sus costumbres para enseñarles la fe católica.
2. ¿Por qué debe tener una forma circular?
Tiene forma circular porque el círculo no tiene principio, ni fin. Es señal del amor de Dios que es eterno y también de nuestro amor al Señor y al prójimo que debe renovarse constantemente y nunca detenerse.
3. Usar ramas verdes
Verde es el color de la esperanza y vida, y Dios quiere que busquemos su gracia, el perdón de los pecados y la gloria eterna al final de nuestras vidas. El anhelo más importante debe ser el llegar a una unión más estrecha con Dios, nuestro Padre, así como el árbol y sus ramas.
4. Lleva cuatro velas
Las velas permiten reflexionar en la obscuridad provocada por el pecado que ciega al hombre y lo aleja de Dios. Después de la primera caída del hombre, Dios fue dando poco a poco una esperanza de salvación que iluminó todo el universo, como las velas la Corona.
En este sentido, así como las tinieblas se disipan con cada vela que encendemos, los siglos se fueron iluminando cada vez más con la cercana llegada de Cristo al mundo.
Las cuatro velas que se colocan en la Corona de Adviento se van prendiendo semana a semana, en los cuatro domingos de adviento, y con una oración especial.
5.- Incluye una vela rosada
Tradicionalmente las velas de la Corona de Adviento son tres moradas y una rosada que se enciende el Tercer Domingo de Adviento. Este día es también llamado “Domingo de Gaudete”, o de la alegría, debido a la primera palabra del introito de la Misa: Gaudete. Es decir, regocíjense.
En la Celebración Eucarística de este día, los ornamentos del sacerdote y los manteles del altar son de color rosa como signo de gozo y se invita a los fieles a alegrarse porque ya está cerca el Señor.
En algunos lugares, todas las velas de la Corona se sustituyen por velas rojas y en la Noche de Navidad, en el centro, se coloca una vela blanca o sirio simbolizando a Cristo como centro de todo cuanto existe.
Sugerencias
a) Ármala o decórala en familia y motiva a los niños a vivir el Adviento explicándoles esta costumbre y su significado.
b) Colócala en un sitio especial del hogar, de preferencia en un lugar fijo donde la puedan ver los miembros de la familia para recordar la venida de Jesús y la importancia de prepararse para la Navidad.
c) Establece con anticipación el horario en el que se encenderán las velas y usa una liturgia cada semana.
d) Recuerda que así como se prepara la visita de un invitado, con la tradición de la Corona esperamos a Jesús, el invitado más importante que podemos tener en nuestra familia.
e) En las liturgias de Adviento, distribuye las funciones entre los miembros de la familia para que todos participen y se sientan involucrados en la ceremonia.
Estos son algunos roles:

  • Arreglar y limpiar el lugar donde irá la Corona antes de comenzar la liturgia.
  • Encender y apagar las velas.
  • Dirigir el canto o poner la grabadora con algún villancico.
  • Dirigir las oraciones.
  • Leer las lecturas.

martes, 6 de octubre de 2015

LECTURAS DOMINGO XXVIII DEL TIEMPO ORDINARIO (B)

Primera lectura

Lectura del libro de la Sabiduría (7,7-11):

Supliqué, y se me concedió la prudencia; invoqué, y vino a mí el espiritu de sabiduría. La preferí a cetros y tronos, y, en su comparación, tuve en nada la riqueza. No le equiparé la piedra más preciosa, porque todo el oro, a su lado, es un poco de arena, y, junto a ella, la plata vale lo que el barro. La quise más que la salud y la belleza, y me propuse tenerla por luz, porque su resplandor no tiene ocaso. Con ella me vinieron todos los bienes juntos, en sus manos había riquezas incontables. 

Palabra de Dios

Salmo

Sal 89,12-13.14-15.16-17

R/. Sácianos de tu misericordia, Señor.

Enséñanos a calcular nuestros años,
para que adquiramos un corazón sensato.
Vuélvete, Señor, ¿hasta cuando?
Ten compasión de tus siervos. R/.

Por la mañana sácianos de tu misericordia,
y toda nuestra vida será alegría y júbilo.
Dános alegría, por los días en que nos afligiste,
por los años en que sufrimos desdichas. R/.

Que tus siervos vean tu acción,
y sus hijos tu gloria.
Baje a nosostros la bondad del Señor
y haga prósperas las obras de nuestras manos. R/.

Segunda lectura

Lectura de la carta a los Hebreos (4,12-13):

La palabra de Dios es viva y eficaz, más tajante que espada de doble filo, penetrante hasta el punto donde se dividen alma y espíritu, coyunturas y tuétanos. juzga los deseos e intenciones del corazón. No hay criatura que escape a su mirada. Todo está patente y descubierto a los ojos de aquel a quien hemos de rendir cuentas.

Palabra de Dios

Evangelio

Evangelio según san Marcos (10,17-30), del domingo, 11 de octubre de 2015
Lectura del santo evangelio según san Marcos (10,17-30):

En aquel tiempo, cuando salía Jesús al camino, se le acercó uno corriendo, se arrodilló y le preguntó: «Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?»
Jesús le contestó: «¿Por qué me llamas bueno? No hay nadie bueno más que Dios. Ya sabes los mandamientos: no matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no estafarás, honra a tu padre y a tu madre.»
Él replicó: «Maestro, todo eso lo he cumplido desde pequeño.»
Jesús se le quedó mirando con cariño y le dijo: «Una cosa te falta: anda, vende lo que tienes, dale el dinero a los pobres, así tendrás un tesoro en el cielo, y luego síguerne.»
A estas palabras, él frunció el ceño y se marchó pesaroso, porque era muy rico. Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos: «¡Qué difícil les va a ser a los ricos entrar en el reino de Dios!»
Los discípulos se extrañaron de estas palabras. Jesús añadió: «Hijos, ¡qué difícil les es entrar en el reino de Dios a los que ponen su confianza en el dinero! Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino de Dios.»
Ellos se espantaron y comentaban: «Entonces, ¿quién puede salvarse?»
Jesús se les quedó mirando. y les dijo: «Es imposible para los hombres, no para Dios. Dios lo puede todo.»
Pedro se puso a decirle: «Ya ves que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido.»
Jesús dijo: «Os aseguro que quien deje casa, o hermanos o hermanas, o madre o padre, o hijos o tierras, por mí y por el Evangelio, recibirá ahora, en este tiempo, cien veces más casas y hermanos y hermanas y madres e hijos y tierras, con persecuciones, y en la edad futura, vida eterna.»

Palabra del Señor

martes, 22 de septiembre de 2015

HOMILIA DE LA MISA DEL PAPA FRANCISCO EN SANTIAGO DE CUBA.


SANTIAGO DE CUBA, 22 Sep. 15 - En su cuarto y último día de visita apostólica en Cuba, el Papa Francisco presidió la celebración de la Santa Misa en el Santuario de la Virgen de la Caridad del Cobre, en Santiago de Cuba. En su homilía, el Santo Padre alentó a los fieles cubanos a estar “comprometidos con la vida, la cultura, la sociedad, no borrándonos sino caminando con nuestros hermanos”.
A continuación, el texto completo de la homilía del Papa Francisco en el Santuario de la Virgen de la Caridad del Cobre, en Santiago de Cuba:
El Evangelio que escuchamos nos pone de frente al movimiento que genera el Señor cada vez que nos visita: nos saca de casa. Son imágenes que una y otra vez estamos invitados a contemplar. La presencia de Dios en nuestra vida nunca nos deja quietos, siempre nos motiva al movimiento. Cuando Dios visita, siempre nos saca de casa. Visitados para visitar, encontrados para encontrar, amados para amar.
Ahí vemos a María, la primera discípula. Una joven quizás de entre 15 y 17 años, que en una aldea de Palestina fue visitada por el Señor anunciándole que sería la madre del Salvador. Lejos de «creérsela» y pensar que todo el pueblo tenía que venir a atenderla o servirla, ella sale de casa y va a servir. Sale a ayudar a su prima Isabel. La alegría que brota de saber que Dios está con nosotros, con nuestro pueblo, despierta el corazón, pone en movimiento nuestras piernas, «nos saca para afuera», nos lleva a compartir la alegría recibida como servicio, como entrega en todas esas situaciones «embarazosas» que nuestros vecinos o parientes puedan estar viviendo. El Evangelio nos dice que María fue de prisa, paso lento pero constante, pasos que saben a dónde van; pasos que no corren para «llegar» rápido o van demasiado despacio como para no «arribar» jamás. Ni agitada ni adormentada, María va con prisa, a acompañar a su prima embarazada en la vejez.
María, la primera discípula, visitada ha salido a visitar. Y desde ese primer día ha sido siempre su característica particular. Ha sido la mujer que visitó a tantos hombres y mujeres, niños y ancianos, jóvenes. Ha sabido visitar y acompañar en las dramáticas gestaciones de muchos de nuestros pueblos; protegió la lucha de todos los que han sufrido por defender los derechos de sus hijos. Y ahora, ella todavía no deja de traernos la Palabra de Vida, su Hijo nuestro Señor.
Estas tierras también fueron visitadas por su maternal presencia. La patria cubana nació y creció al calor de la devoción a la Virgen de la Caridad. «Ella ha dado una forma propia y especial al alma cubana –escribían los Obispos de estas tierras– suscitando los mejores ideales de amor a Dios, a la familia y a la Patria en el corazón de los cubanos». También lo expresaron sus compatriotas cien años atrás, cuando le pedían al Papa Benedicto XV que declarara a la Virgen de la Caridad Patrona de Cuba, y escribieron: «Ni las desgracias ni las penurias lograron “apagar” la fe y el amor que nuestro pueblo católico profesa a esa Virgen, sino que, en las mayores vicisitudes de la vida, cuando más cercana estaba la muerte o más próxima la desesperación, surgió siempre como luz disipadora de todo peligro, como rocío consolador…, la visión de esa Virgen bendita, cubana por excelencia… porque así la amaron nuestras madres inolvidables, así la bendicen nuestras esposas».
En este Santuario, que guarda la memoria del santo Pueblo fiel de Dios que camina en Cuba, María es venerada como Madre de la Caridad. Desde aquí Ella custodia nuestras raíces, nuestra identidad, para que no nos perdamos en caminos de desesperanza. El alma del pueblo cubano, como acabamos de escuchar, fue forjada entre dolores, penurias que no lograron apagar la fe, esa fe que se mantuvo viva gracias a tantas abuelas que siguieron haciendo posible, en lo cotidiano del hogar, la presencia viva de Dios; la presencia del Padre que libera, fortalece, sana, da coraje y que es refugio seguro y signo de nueva resurrección. Abuelas, madres, y tantos otros que con ternura y cariño fueron signos de visitación, de valentía, de fe para sus nietos, en sus familias. Mantuvieron abierta una hendija pequeña como un grano de mostaza por donde el Espíritu Santo seguía acompañando el palpitar de este pueblo.
Y «cada vez que miramos a María volvemos a creer en lo revolucionario de la ternura y del cariño» (Evangelii gaudium, 288). Generación tras generación, día tras día, estamos invitados a renovar nuestra fe. Estamos invitados a vivir la revolución de la ternura como María, Madre de la Caridad. Estamos invitados a «salir de casa», a tener los ojos y el corazón abierto a los demás. Nuestra revolución pasa por la ternura, por la alegría que se hace siempre projimidad, que se hace siempre compasión que no es lástima, es padecer con para liberar; y nos lleva a involucrarnos, para servir, en la vida de los demás. Nuestra fe nos hace salir de casa e ir al encuentro de los otros para compartir gozos y alegrías, esperanzas y frustraciones.
Nuestra fe, nos saca de casa para visitar al enfermo, al preso, al que llora y al que sabe también reír con el que ríe, alegrarse con las alegrías de los vecinos. Como María, queremos ser una Iglesia que sirve, que sale de casa, que sale de sus templos, que sale de sus sacristías, para acompañar la vida, sostener la esperanza, ser signo de unidad de un pueblo noble y digno.
Como María, Madre de la Caridad, queremos ser una Iglesia que salga de casa para tender puentes, romper muros, sembrar reconciliación. Como María, queremos ser una Iglesia que sepa acompañar todas las situaciones «embarazosas» de nuestra gente, comprometidos con la vida, la cultura, la sociedad, no borrándonos sino caminando con nuestros hermanos. Todos juntos, sirviendo, ayudando. Todos hijos de Dios, hijos de María, hijos de esta noble tierra cubana.
Este es nuestro cobre más precioso, esta es nuestra mayor riqueza y el mejor legado que podamos dejar: como María, aprender a salir de casa por los senderos de la visitación. Y aprender a orar con María porque su oración es memoriosa, agradecida; es el cántico del Pueblo de Dios que camina en la historia. Es la memoria viva de que Dios va en medio nuestro; es memoria perenne de que Dios ha mirado la humildad de su pueblo, ha auxiliado a su siervo como lo había prometido a nuestros padres y a su descendencia para siempre.

jueves, 19 de febrero de 2015

HOMILÍA DEL PAPA FRANCISCO EL MIÉRCOLES DE CENIZA.


VATICANO, 18 Feb. 15 - El Papa Francisco celebró en la Basílica de Santa Sabina (Roma), la Misa por Miércoles de Ceniza, con que se inicia el tiempo de Cuaresma, y donde invitó a los fieles a pedir al Señor un corazón purificado del mal.
A continuación el texto completo gracias a la traducción de Radio Vaticana:
Como pueblo de Dios hoy comenzamos el camino de la Cuaresma, un tiempo en el que tratamos de unirnos más estrechamente al Señor Jesucristo, para compartir el misterio de su pasión y resurrección.
La liturgia del miércoles de Ceniza nos propone ante todo el pasaje del profeta Joel, enviado por Dios para llamar a la gente al arrepentimiento y a la conversión, a causa de una calamidad (una invasión de langostas) que devasta Judea. Sólo el Señor puede salvar del flagelo y por lo tanto es necesario suplicarle con oraciones y ayunos, confesando el propio pecado.
El profeta insiste en la conversión interior: «Vuelvan a mí de todo corazón». Regresar al Señor “con todo el corazón” significa emprender el camino de una conversión no superficial y transitoria, sino un itinerario espiritual que tiene que ver con el lugar más íntimo de nuestra persona. El corazón, de hecho, es el centro de nuestros sentimientos, el centro en el que maduran nuestras decisiones, nuestras actitudes.
Aquel “vuelvan a mí de todo corazón” no implica sólo el individuo, sino que se extiende a la entera comunidad, es una convocatoria dirigida a todos: «¡reúnan al pueblo, convoquen a la asamblea, congreguen a los ancianos, reúnan a los pequeños y a los niños de pecho! ¡Que el recién casado salga de su alcoba y la recién casada de su lecho nupcial!».
El profeta se detiene en particular en las oraciones de los sacerdotes, haciendo observar que debe estar acompañada de lágrimas. Nos hará bien pedir, al comienzo de esta Cuaresma, el don de las lágrimas, para hacer así nuestra oración y nuestro camino de conversión siempre más auténticos y sin hipocresía.
Justamente éste es el mensaje del Evangelio de hoy. En el pasaje de Mateo, Jesús vuelve a leer las tres obras de piedad previstas por la ley mosaica: la limosna, la oración y el ayuno. Con el tiempo, estas disposiciones se habían corroído por la herrumbre del formalismo exterior, o incluso habían mutado en un signo de superioridad social. Jesús pone en evidencia una tentación común en estas tres obras, que se pueden resumir en la hipocresía (la cita tres veces): «Tengan cuidado de no practicar su justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos… cuando des limosna, no lo vayas pregonando delante de ti, como hacen los hipócritas… Cuando ustedes oren, no hagan como los hipócritas… a ellos les gusta orar de pie… para ser vistos… Cuando ustedes ayunen, no pongan cara triste, como hacen los hipócritas».
Cuando se cumple algo bueno, casi instintivamente nace en nosotros el deseo de ser estimados y admirados por esta buena acción, para obtener una satisfacción. Jesús nos invita a cumplir estas obras sin ostentación alguna, y a confiar sólo en la recompensa del Padre «que ve en lo secreto».
Queridos hermanos y hermanas, el Señor no se cansa jamás de tener misericordia de nosotros, y quiere ofrecernos una vez más su perdón, invitándonos a volver a Él con un corazón nuevo, purificado del mal, para tomar parte de su gozo. ¿Cómo acoger esta invitación? Nos lo sugiere San Pablo en la segunda lectura de hoy: «les suplicamos en nombre de Cristo: déjense reconciliar con Dios». Este esfuerzo de conversión no es sólo una obra humana. La reconciliación entre nosotros y Dios es posible gracias a la misericordia del Padre que, por amor a nosotros, no dudó en sacrificar a su Hijo unigénito. De hecho, el Cristo, que era justo y sin pecado,  fue hecho pecado por nosotros cuando sobre la cruz cargó con nuestros pecados, y así nos rescató y redimió ante Dios. «En Él», nosotros podemos volvernos justos, en Él podemos cambiar, si acogemos la gracia de Dios y no dejamos pasar en vano el «momento favorable».
Con esta conciencia, iniciamos confiados y gozosos el itinerario cuaresmal. Que María Inmaculada sostenga nuestra lucha espiritual contra el pecado, nos acompañe en este momento favorable, para que podamos llegar a cantar juntos la alegría de la victoria en la Pascua de Resurrección.
Dentro de poco cumpliremos el gesto de la imposición de las cenizas en la cabeza. El celebrante pronuncia estas palabras: «eres polvo y al polvo volverás», o también repite la exhortación de Jesús: « Conviértanse y crean en la Buena Noticia». Ambas fórmulas constituyen un llamado a la verdad de la existencia humana: somos criaturas limitadas, pecadores siempre necesitados de arrepentimiento y conversión. ¡Cuán importante es para escuchar y acoger este llamado en nuestro tiempo! La invitación a la conversión es entonces un impulso a regresar, como hizo el hijo de la parábola, entre los brazos de Dios, Padre tierno y misericordioso, a confiarnos de Él y a confiarnos a Él.

martes, 10 de febrero de 2015

LA GUERRA EMPIEZA CON EL ODIO EN EL CORAZÓN, DICE EL PAPA FRANCISCO.

VATICANO, 09 Feb. 15 - El Papa Francisco, durante su visita en la tarde del domingo a la parroquia de San Miguel Arcángel en las afueras de Roma, alertó sobre la acción del demonio en el corazón de las personas y exhortó a todos a buscar a Jesús que es el único que cura de los males del odio, los celos y la envidia.
En respuesta a la pregunta de uno de los niños, el Obispo de Roma aludió a la guerra para asegurar que en el mundo actual "hay (guerras) en Ucrania o en África porque hay odio".
“¿Quién es el padre de la guerra? Fuerte (niños: ‘el demonio’) Porque el diablo es el padre del odio. Es el padre de la mentira, de la falsedad. ¿Por qué? Porque no quiere la unidad. En vez Dios sí quiere la unidad. Si tienen en el corazón celos contra alguien, este es el inicio de una guerra. Los celos no son de Dios”.
El Papa dijo luego que “es triste cuando en una familia los hermanos no se hablan por una tontería, porque el demonio toma esa tontería y la hace un mundo. Luego las enemistades continúan muchas veces por años. Y se destruye esa familia: los padres sufren porque los hijos no se hablan o la esposa de un hijo no le habla al otro. Y así las envidas… los celos. Esto lo siembra el diablo. Y el único que derrota al diablo es Jesús. El único que cura de estas cosas es Jesús. Por eso les digo a cada uno de ustedes: ‘déjese curar por Jesús’”.
Por ello Francisco exhortó a generar el hábito de “escuchar la Palabra de Dios, escuchar la Palabra de Jesús en el Evangelio. Leer un pasaje, pensar un poco lo que dice, qué me dice a mí. Si no siento lo que me dice, paso a otro. Pero tener este contacto cotidiano con el Evangelio. Rezar con el Evangelio porque Jesús me predica a mí, dice con el Evangelio lo que me quiere decir”.
En la visita, el Santo Padre llevó su cercanía y apoyo a enfermos y personas sin hogar, pero también tuvo tiempo para los niños y jóvenes que dan catequesis en la iglesia. Además, confesó a algunas personas.
Según informó Radio Vaticana, a su llegada le esperaron cientos de personas que se acercaron para verle y recibir su bendición.
También ofreció algunas recomendaciones a los padres de los niños a los que pidió que nunca terminen "el día sin hacer las paces". "Se puede pelear entre marido y mujer, pueden volar los platos, pero no es posible acabar el día sin antes haber hecho paz, al menos con un pequeño gesto", subrayó el Papa.
Asimismo, explicó que "en un matrimonio es una cosa fea el rencor. Nunca terminen el día sin hacer las paces, al menos con un gesto”.
Uno de los grupos que realiza actividades en la parroquia son los scouts, a quienes el Papa habló de la necesidad de ir misa: “Hay alguno que dice: no voy a misa porque estoy cansado. Y yo le digo (si no vas) pierdes tú, porque al recibir a Jesús eres más fuerte para luchar en la vida”.
El Papa también reflexionó sobre los temas de la enseñanza y la sanidad, como explicación al Evangelio proclamado. En ella pidió a los fieles que se dejen sanar por Jesús ya que “todos estamos heridos”. Al mismo tiempo, dijo que “podemos enseñar la Palabra de Jesús y ayudar a sanar las heridas de los otros”.
La misa fue concelebrada por el Cardenal Vicario de Roma, Agostino Vallini, el Obispo Auxiliar para el norte de Roma, el párroco y el vice párroco, así como por dos sacerdotes colombianos que ayudan en la parroquia.
Se trata de la novena visita del Pontífice argentino a una parroquia de las afueras de Roma. Tradición que ya llevaron a cabo los anteriores Pontífices. De hecho es la tercera vez que un Papa acude a esta misma iglesia ya que Pablo VI celebró la misa de Navidad allí en 1963 y San Juan Pablo II la visitó en 1991.

lunes, 6 de octubre de 2014

"QUE SE LEA LA BIBLIA EN FAMILIA" PIDIÓ EL PAPA EN EL ÁNGELUS.

Inauguración del Sínodo de la Familia. Foto: Petrik Bohumil / ACI Prensa
VATICANO, 05 Oct. 14 - Al concluir la Misa con la que inauguró el Sínodo de la Familia en el Vaticano, el Papa Francisco pidió a los fieles que la Biblia no solo se tenga en cada hogar, sino que sea leída y reflexionada diariamente.
Mientras en la Plaza San Pedro los Hermanos Paulinos distribuían gratuitamente miles de Biblias para celebrar el centenario de su fundador, el Beato Giacomo Alberione, el Pontífice destacó que “para que la familia pueda caminar bien, con confianza y esperanza, es necesario que sea nutrida por la Palabra de Dios. Por esto es una feliz coincidencia que precisamente hoy nuestros hermanos Paulinos hayan querido realizar una gran distribución de la Biblia, aquí en la Plaza y en tantos otros lugares”.
“Entonces hoy, mientras se abre el Sínodo para la Familia, con la ayuda de los Paulinos podemos decir: ¡una Biblia en cada familia! ¡Una Biblia en cada familia!”
“La Biblia –siguió el Pontífice- no es para colocarla en una repisa, sino para tenerla a la mano, para leerla a menudo, cada día, ya sea individualmente que juntos, marido y mujer, padres e hijos, tal vez por la noche, especialmente el domingo”.
El Papa Francisco inauguró este domingo  la Asamblea General Extraordinaria del Sínodo de los Obispos sobre el tema “Los desafíos pastorales de la familia en el contexto de la evangelización”.
Al concluir el Angelus, el Santo Padre invitó “a todos a apoyar los trabajos del Sínodo con la oración, invocando la Madre, la materna intercesión de la Virgen María”.

domingo, 14 de septiembre de 2014

Crímenes y masacres suman una tercera guerra mundial combatida "por partes" dice el Papa.

Papa Francisco en cementerio militar de Redipuglia. Foto: L'Osservatore Romano
Papa Francisco en cementerio militar de Redipuglia. Foto: L'Osservatore Romano
VATICANO, 13 Sep. 14.- En la Misa celebrada hoy ante más de 10 mil fieles en el cementerio monumental de Redipuglia, durante su visita a la región italiana de Friuli Venezia, el Papa Francisco señaló que en la actualidad los crímenes, masacres y destrucciones suman una tercera guerra mundial, que es combatida “por partes”.
En el cementerio militar de Redipuglia, que visitara San Juan Pablo II en 1992, reposan los cuerpos de 100 mil jóvenes soldados caídos durante la I Guerra Mundial, de cuyo inicio en 2014 se cumplen 100 años. Sesenta mil de estos fallecidos aún permanecen sin identificar.
En este camposanto, el Santo Padre recordó el sacrificio y el sufrimiento los caídos en todas las guerras.
En la Misa participaron el Arzobispo de Viena (Austria), Cardenal Christoph Schonborn, y el Arzobispo de Zagreb, Cardenal Josip Bozani?, además de Obispos procedentes de Eslovenia, Austria, Hungría y Croacia.
En su homilía, el Papa Francisco señaló que “después de haber contemplado la belleza del paisaje de esta zona, en la que hombres y mujeres trabajan para sacar adelante a sus familias, donde los niños juegan y los ancianos sueñan… encontrándome aquí, en este lugar, en este cementerio, solamente acierto a decir: la guerra es una locura”.
“Mientras Dios lleva adelante su creación y nosotros los hombres estamos llamados a colaborar en su obra, la guerra destruye. Destruye también lo más hermoso que Dios ha creado: el ser humano”.
Francisco señaló que “la guerra trastorna todo, incluso la relación entre hermanos. La guerra es una locura; su programa de desarrollo es la destrucción: ¡querer desarrollarse, crecer mediante la destrucción!”.
Los motivos “que alimentan el espíritu bélico”, dijo, son “la avaricia, la intolerancia, la ambición de poder”. Estas razones, explicó, “a menudo encuentran justificación en una ideología; pero antes está la pasión, el impulso desordenado”.
“La ideología es una justificación, y cuando no hay una ideología, está la respuesta de Caín: ‘¿A mí qué me importa de mi hermano?, ¿A mí qué me importa? ¿Acaso soy yo el guardián de mi hermano?’”.
“La guerra no se detiene ante nada ni ante nadie: ancianos, niños, madres, padres… ‘¿A mí qué me importa?’”.
Francisco indicó que “sobre la entrada a este cementerio, se levanta el lema desvergonzado de la guerra: ‘¿A mí qué me importa?’. Todas estas personas, cuyos restos reposan aquí, tenían sus proyectos, sus sueños… pero sus vidas quedaron truncadas. Porque la humanidad dijo: ‘¿A mí qué me importa?’”.
“Hoy, tras el segundo fracaso de una guerra mundial, quizás se puede hablar de una tercera guerra combatida ‘por partes’, con crímenes, masacres, destrucciones”.
La actitud de desinterés por las personas que sufren por la guerra, “es justamente lo contrario de lo que Jesús nos pide en el Evangelio. Lo hemos escuchado: Él está en el más pequeño de los hermanos. Él, el Rey, el Juez del mundo, es el hambriento, el sediento, el forastero, el encarcelado”.
“Quien cuida al hermano entra en el gozo del Señor; en cambio, quien no lo hace, quien, con sus omisiones, dice: ‘¿A mí qué me importa?’, queda afuera”.
El Santo Padre lamentó que “también hoy hay tantas víctimas… ¿Cómo es posible esto? Es posible porque también hoy, en la sombra, hay intereses, estrategias geopolíticas, codicia de dinero y de poder, y está la industria de las armas, que parece ser tan importante”.
“Y estos planificadores del terror, estos organizadores del desencuentro, así como los fabricantes de armas, llevan escrito en el corazón: ‘¿A mí qué me importa?’”.
El Papa dijo que “es de sabios reconocer los propios errores, sentir dolor, arrepentirse, pedir perdón y llorar”.
“Con ese ‘¿A mí qué me importa?’, que llevan en el corazón los que negocian con la guerra, quizás ganan mucho, pero su corazón corrompido ha perdido la capacidad de llorar”.
“Ese ‘¿A mí qué me importa?’ impide llorar. Caín no lloró. La sombra de Caín nos cubre hoy aquí, en este cementerio. Se ve aquí. Se ve en la historia que va de 1914 hasta nuestros días. Y se ve también en nuestros días”.
Francisco señaló que “con corazón de hijo, de hermano, de padre, pido a todos ustedes y para todos nosotros la conversión del corazón, pasar de ese ‘¿A mí qué me importa?’ al llanto”.
Llanto, dijo el Papa, “por todos los caídos de la ‘masacre inútil’, por todas las víctimas de la locura de la guerra de todos los tiempos”.
“Hermanos la humanidad tiene necesidad de llorar, y ésta es la hora del llanto”, concluyó.

jueves, 10 de julio de 2014

PAPA FRANCISCO CELEBRA MISA CON VICTIMAS DE ABUSOS SEXUALES Y PIDE PERDÓN POR LOS SACERDOTES CULPABLES.

VATICANO, 07 Jul. 14 “La presencia de ustedes, aquí, habla del milagro de la esperanza que prevalece contra la más profunda oscuridad”, expresó el Papa Francisco durante la Misa que celebró en la Casa Santa Marta con seis personas que fueron víctimas de abusos sexuales por parte de miembros del clero, cuya acción “es como un culto sacrílego porque esos chicos y esas chicas le fueron confiados al carisma sacerdotal para llevarlos a Dios”.
En su homilía, el Papa recibió a dos personas de Gran Bretaña, dos de Alemania y otras dos de Irlanda que después de la Eucaristía fueron recibidas personalmente cada una de ellas por el Santo Padre en una serie de encuentros que duraron más de tres horas.
A continuación el texto de la homilía gracias a la traducción de Radio Vaticana:
La imagen de Pedro viendo salir a Jesús de esa sesión de terrible e interrogatorio, de Pedro que se cruza la mirada con Jesús y llora. Me viene hoy al corazón en la mirada de ustedes, de tantos hombres y mujeres, niños y niñas, siento la mirada de Jesús y pido la gracia de su orar. La gracia de que la Iglesia llore y repare por sus hijos e hijas que han traicionado su misión, que han abusado de personas inocentes. Y hoy estoy agradecido a ustedes por haber venido hasta aquí.
Desde hace tiempo siento en el corazón el profundo dolor, sufrimiento, tanto tiempo oculto, tanto tiempo disimulado con una complicidad que no, no tiene explicación, hasta que alguien sintió que Jesús miraba, y otro lo mismo y otro lo mismo… y se animaron a sostener esa mirada.
Y esos pocos que comenzaron a llorar nos contagiaron la consciencia de este crimen y grave pecado.
Esta es mi angustia y el dolor por el hecho de que algunos sacerdotes y obispos hayan violado la inocencia de menores y su propia vocación sacerdotal al abusar sexualmente de ellos. Es algo más que actos reprobables. Es como un culto sacrílego porque esos chicos y esas chicas le fueron confiados al carisma sacerdotal para llevarlos a Dios, y ellos los sacrificaron al ídolo de su concupiscencia. Profanan la imagen misma de Dios a cuya imagen hemos sido creados.
La infancia, sabemos todos es un tesoro. El corazón joven, tan abierto de esperanza contempla los misterios del amor de Dios y se muestra dispuesto de una forma única a ser alimentado en la fe.
Hoy el corazón de la Iglesia mira los ojos de Jesús en esos niños y niñas y quiere llorar. Pide la gracia de llorar ante los execrables actos de abuso perpetrados contra menores. Actos que han dejado cicatrices para toda la vida.
Sé que esas heridas son fuente de profunda y a menudo implacable angustia emocional y espiritual. Incluso de desesperación. Muchos de los que han sufrido esta experiencia han buscado paliativos por el camino de la adicción. Otros han experimentado trastornos en las relaciones con padres, cónyuges e hijos. El sufrimiento de las familias ha sido especialmente grave ya que el daño provocado por el abuso, afecta a estas relaciones vitales de la familia.
Algunos han sufrido incluso la terrible tragedia del suicido de un ser querido. Las muertes de estos hijos tan amados de Dios pesan en el corazón y en la conciencia mía y de toda la Iglesia. Para estas familias ofrezco mis sentimientos de amor y de dolor. Jesús torturado e interrogado con la pasión del odio es llevado a otro lugar, y mira. Mira a uno de los suyos, el que lo negó, y lo hace llorar. Pedimos esa gracia junto a la de la reparación.
Los pecados de abuso sexual contra menores por parte del clero tienen un efecto virulento en la fe y en la esperanza en Dios. Algunos se han aferrado a la fe mientras que en otros la traición y el abandono han erosionado su fe en Dios.
La presencia de ustedes, aquí, habla del milagro de la esperanza que prevalece contra la más profunda oscuridad. Sin duda es un signo de la misericordia de Dios el que hoy tengamos esta oportunidad de encontrarnos, adorar a Dios, mirarnos a los ojos y buscar la gracia de la reconciliación
Ante Dios y su pueblo expreso mi dolor por los pecados y crímenes graves de abusos sexuales cometidos por el clero contra ustedes y humildemente pido perdón.
También les pido perdón por los pecados de omisión por partes de líderes de la Iglesia que no han respondido adecuadamente a las denuncias de abuso presentadas por familiares y por aquellos que fueron víctimas del abuso, esto lleva todavía a un sufrimiento adicional a quienes habían sido abusados y puso en peligro a otros menores que estaban en situación de riesgo.
Por otro lado la valentía que ustedes y otros han mostrado al exponer la verdad fue un servicio de amor al habernos traído luz sobre una terrible oscuridad en la vida de la Iglesia.
No hay lugar en el ministerio de la Iglesia para aquellos que cometen estos abusos, y me comprometo a no tolerar el daño infligido a un menor por parte de nadie, independientemente de su estado clerical. Todos los obispos deben ejercer sus oficios de pastores con sumo cuidado para salvaguardar la protección de menores y rendirán cuentas de esta responsabilidad.
Para todos nosotros tiene vigencia el consejo que Jesús da a los que dan escándalos: la piedra de molino y el mar (cf. Mat 18,6).
Por otra parte vamos a seguir vigilantes en la preparación para el sacerdocio. Cuento con los miembros de la Pontificia Comisión para la Protección de Menores, todos los menores, sean de la religión que sean, son retoños que Dios mira con amor.
Pido esta ayuda para que me ayuden a asegurar de que disponemos de las mejores políticas y procedimientos en la Iglesia Universal para la protección de menores y para la capacitación de personal de la Iglesia en la implementación de dichas políticas y procedimientos.
Hemos de hacer todo lo que sea posible para asegurar que tales pecados no vuelva a ocurrir en la Iglesia.
Hermanos y hermanas, siendo todos miembros de la Familia de Dios, estamos llamados a entrar en la dinámica de la misericordia. El Señor Jesús nuestro salvador es el ejemplo supremo el inocente que tomó nuestros pecados en la Cruz, reconciliarnos es la esencia misma de nuestra identidad común como seguidores de Jesucristo. Volviéndonos a Él, acompañados de nuestra Madre Santísima a los Pies de la Cruz buscamos la gracia de la reconciliación con todo el Pueblo de Dios. La suave intercesión de nuestra Señora de la Tierna Misericordia es una fuente inagotable de ayuda en nuestro viaje de sanación.
Ustedes y todos aquellos que sufrieron abusos por parte del clero son amados por Dios. Rezo para que los restos de la oscuridad que les tocó sean sanados por el abrazo del Niño Jesús, y que al daño hecho a ustedes le suceda una fe y alegría restaurada.
Agradezco este encuentro. Y por favor, recen por mí para que los ojos de mi corazón siempre vean claramente el camino del amor misericordioso, y que Dios me conceda la valentía de seguir ese camino por el bien de los menores. Jesús sale de un juicio injusto, de un interrogatorio cruel y mira a los ojos de Pedro, y Pedro llora.
Nosotros pedimos que nos mire, que nos dejemos mirar, que lloremos, y que nos dé la gracia de la vergüenza para que como Pedro, cuarenta días después podamos responderle: “Vos sabés que te amamos” y escuchar su voz “Volvé por tu camino y apacentá a mis ovejas” y añado “y no permitas que ningún lobo se meta en el rebaño”

martes, 3 de junio de 2014

CANCIONES PARA LA EUCARISTIA DEL SÁBADO TARDE Y DOMINGO DE PENTECOSTÉS.


A partir de esta semana y gracias a nuestro amigo Alberto, os anticiparemos las canciones que se van a cantar en las misas de los sábados a las 21:00 y domingos a las 11:00 de la mañana en la Capilla de Ntra. Sra. del Rosario. 

 ¡Vive la eucaristía con nosotros, queremos oír tu voz!



A CRISTO NO LE GUSTA LOS MATRIMONIOS ESTÉRILES POR ELECCIÓN, DICE EL PAPA FRANCISCO

VATICANO, 02 Jun. 14.- Durante la Misa matutina celebrada en la Casa Santa Marta, el Papa Francisco llamó a los matrimonios cristianos a amarse como Cristo ama a su Iglesia, con fidelidad, perseverancia y fecundidad; sin embargo, advirtió que “hay cosas que a Jesús no le gustan”, como aquellos matrimonios que cedieron a la cultura del bienestar y por elección no desean tener hijos.
“Estos matrimonios que no quieren hijos, que quieren permanecer sin fecundidad. Esta cultura del bienestar de hace diez años nos ha convencido: ‘¡Es mejor no tener hijos! ¡Es mejor! Así tú puedes ir de vacaciones a conocer el mundo, puedes tener una casa en el campo, tú estás tranquilo’... Pero quizá sea mejor – más cómodo – tener un perrito, dos gatos, y el amor va a los dos gatos y al perrito. ¿Es verdad o no esto? ¿Lo vieron ustedes? Y al final este matrimonio llega a la vejez en la soledad, con la amargura de la mala soledad. No es fecundo, no hace lo que Jesús hace con su Iglesia: la hace fecunda”, expresó el Papa.
En la Misa con el Papa participaron unas quince parejas con matrimonios desde 25 a 60 años, a quienes recordó que el amor de Jesús “hace fecunda a la Iglesia con nuevos hijos, Bautismos, y la Iglesia crece con esta fecundidad nupcial”.
Según Radio Vaticana, el Papa dijo que en un matrimonio esta fecundidad puede ser a veces puesta a prueba, cuando los hijos no llegan o si están enfermos. En estas pruebas “hay parejas que miran a Jesús y toman fuerza de la fecundidad que Él tiene en su Iglesia”. Mientras, al contrario “hay cosas que a Jesús no le gustan”, o sea los matrimonios estériles por elección.
Jesús, indicó el Santo Padre, tiene tres grandes amores, por el Padre, por su Madre y por la Iglesia. Por esta última tiene un amor “grande”. Es “su esposa: bella, santa, pecadora, pero la ama igualmente”. Y este amor se caracteriza, además de por la fecundidad, también por la fidelidad y la perseverancia.
“Es un amor fiel; es un amor perseverante, jamás se cansa de amar a su Iglesia; es un amor fecundo. ¡Es un amor fiel! ¡Jesús es el fiel! San Pablo, en una de sus Cartas dice: ‘Si confiesas a Cristo, Él te confesará a ti, ante el Padre; si reniegas a Cristo, Él te renegará a ti; si tú no eres fiel a Cristo, Él permanece fiel, ¡porque no puede renegarse a sí mismo!’”.
“La fidelidad es precisamente el ser del amor de Jesús. Y el amor de Jesús en su Iglesia es fiel. Esta fidelidad es como una luz sobre el matrimonio. La fidelidad del amor. Siempre”, expresó el Papa.
Y así como es fiel y fecundo, el amor de Jesús por la Iglesia también es incansable, perseverantes.
“La vida matrimonial debe ser perseverante, debe ser perseverante. Porque de lo contrario el amor no puede ir adelante. La perseverancia en el amor, en los momentos bellos y en los momentos difíciles, cuando hay problemas: problemas con los hijos, problemas económicos, problemas aquí, problemas allá”.
“El amor persevera, va adelante, tratando siempre de resolver las cosas, para salvar a la familia. Perseverantes: el hombre y la mujer se levantan cada mañana, y llevan adelante la familia”, afirmó el Papa Francisco.

jueves, 3 de abril de 2014

PAPA FRANCISCO: LOS CRISTIANOS ANESTESIADOS NO HACEN BIEN A LA IGLESIA

Papa Francisco. Foto: ACI Prensa
VATICANO, 01 Abr.- Al presidir esta mañana la habitual Misa en la capilla de la Casa Santa Marta, el Papa Francisco advirtió que los cristianos anestesiados y sin celo apostólico no hacen bien a la Iglesia.

El Santo Padre reflexionó hoy sobre el pasaje del Evangelio en el que Jesús cura a un paralítico, que desde hacía 38 años esperaba la curación bajo el pórtico de la piscina, lamentándose porque no lograba sumergirse, pues siempre lo precedía alguien más. El milagro del Señor desató las críticas de los fariseos, que por ser sábado señalaban que no se podía realizar algo así.

Según informa Radio Vaticano, Francisco indicó que en este relato se puede encontrar dos enfermedades espirituales fuertes, sobre las cuales “nos hará bien reflexionar”. La primera de estas, es la resignación del enfermo, que se siente amargado y se lamenta.

“Yo pienso en tantos cristianos, tantos católicos: ¡Sí, son católicos, pero sin entusiasmo, e incluso amargados! ‘Sí, es la vida, es así, pero la Iglesia… Yo voy a Misa todos los domingos, pero mejor no implicarse, tengo fe para mi saludo, no siento la necesidad de ir a darla a otro…’. Cada uno en su casa, tranquilos por la vida… Sí tú haces algo, después te reprochan: ‘No, es mejor así, no correr riesgos…’”.

Esta, dijo el Papa, “es la enfermedad de la pereza, de la pereza de los cristianos. Esta actitud que paraliza el celo apostólico, que hace de los cristianos personas quietas, tranquilas, pero no en el buen sentido de la palabra: ¡que no se preocupan por salir para anunciar el Evangelio! Personas anestesiadas”.

“Y la anestesia es una experiencia negativa”, aseguró.

“La pereza es una tristeza”, y estos cristianos tristes “no son personas luminosas, son personas negativas. Y ésta es una enfermedad nuestra, de los cristianos”.

Vamos a Misa, dijo el Santo Padre, “todos los domingos, pero – decimos – por favor no molestar”.

Estos cristianos “sin celo apostólico”, advirtió, “no sirven, no hacen bien a la Iglesia”.

“Y cuántos cristianos son así egoístas, para sí mismos. Éste es el pecado de la pereza que va contra el celo apostólico, contra las ganas de dar la novedad de Jesús a los demás, esta novedad que a mí me ha sido dada gratuitamente”.

Pero en este pasaje del Evangelio, indicó Francisco, se encuentra también otro pecado, cuando Jesús es criticado por curar a un enfermo en un sábado. Este es el pecado del formalismo.

El Papa señaló que estos son “cristianos que no dejan lugar a la gracia de Dios. Y la vida cristiana, la vida de esta gente es tener todos los documentos en regla, todos los cerificados”.

“Cristianos hipócritas, como estos. A ellos sólo les interesaban las formalidades. ¿Era sábado? No, no se pueden hacer milagros el sábado, la gracia de Dios no puede actuar el sábado. ¡Cierran la puerta a la gracia de Dios! ¡Tenemos tantos en la Iglesia, tenemos tantos! Es otro pecado”.

“Los primeros, los que cometen el pecado de la pereza, no son capaces de ir adelante con el celo apostólico, porque han decidido detenerse en sí mismos, en sus tristezas, en sus resentimientos, en todo eso. Estos no son capaces de llevar la salvación porque cierran la puerta a la salvación”.

Para estos cristianos, dijo, cuentan “solo las formalidades”.

“No se puede: es la palabra que más usan”, y también nosotros, dijo, “tantas veces hemos tenido pereza, o hemos sido hipócritas como los fariseos”.

Se trata de tentaciones que aparecen, dijo, pero que “debemos conocerlas para defendernos”.

Ante estas dos tentaciones, señaló el Papa, ante “ese hospital de campaña, allí, está el símbolo de la Iglesia”.

Ante tanta gente herida, Jesús se acerca y les pregunta si quieren curarse y “les da la gracia. La gracia hace todo”, para después, al encontrarse nuevamente con el paralítico, decirle “no peque más”.

“Las dos palabras cristianas: ¿quieres curarte? No pecar más. Pero primero lo cura. Primero lo curó, después ‘no pecar más’. Palabras dichas con ternura, con amor”.

“Y éste es el camino cristiano, el camino del celo apostólico: acercarse a tantas personas, heridas en este hospital de campaña, y también tantas veces heridas por los hombres y las mujeres de la Iglesia”.

Francisco subrayó que “es una palabra de hermano y de hermana: ¿quieres curarte? Y después, cuando va adelante: ‘¡Ah, no peques más, que no hace bien!’. Es mucho mejor esto: las dos palabras de Jesús son más bellas que la actitud de la pereza o la actitud de la hipocresía”.

jueves, 20 de marzo de 2014

EL PAPA FRANCISCO SE LEVANTA A LAS 4:30 Y AÚN USA SU ANTIGUA MÁQUINA DE ESCRIBIR.

ROMA, 19 Mar.- Cuando muy temprano en la mañana se escucha en la Casa Santa Marta el golpe de teclas de una máquina de escribir, es signo de que el Papa Francisco ya inició su trabajo. El Santo Padre “se levanta a las cuatro y media de la mañana, se prepara, reza hasta las siete en Santa Marta y luego celebra misa. Después, el desayuno, y recibe en audiencia en el Palacio Apostólico hasta mediodía”. Así lo señala al diario L’Osservatore Romano (LOR), su exvocero en Buenos Aires, Guillermo Marcó.
El Pontífice no usa ningún tipo de aparatos electrónicos para realizar su trabajo, sus escritos los hace a través de una antigua máquina de escribir. El Papa no ha dejado su estilo austero que sigue sorprendiendo al mundo, sobre todo a los periodistas.
Marcó dijo a LOR que el Santo Padre trabaja mucho “pasa la tarde en Santa Marta, hasta las nueve, cuando se va a dormir. Santa Marta es una residencia construida originalmente para que los cardenales puedan estar cómodos durante el cónclave. Francisco vive allí con sus secretarios. En su habitación hay un estudio y un baño”.
Indicó que “en el Vaticano están sorprendidos por su capacidad de trabajo. Recuerdo una frase que me dijo hace un año cuando se fue de aquí: ‘Nunca perdí la paz’”.
Marcó subrayó la manera de trabajar del Santo Padre ya que él por ocho años trabajó junto a Jorge Mario Bergoglio cuando era Arzobispo de Buenos Aires. Dijo además que “el Papa tiene esa autoridad y sabe imponerla. Por ejemplo, cuando designó a los nuevos cardenales, les dijo que recuerden que no son príncipes, sino servidores. Ser cardenal no es un privilegio sino un compromiso mayor, con una responsabilidad y trabajo mayor”.
Recordó también que “yo estaba con él cuando lo hicieron cardenal (en el 2001). Había grandes delegaciones que llegaban con un gran séquito. Y luego las fiestas, que eran majestuosas. Pero este Papa está marcando el fin de la corte pontificia”.
Sobre el pensamiento del Papa Francisco dijo que “insiste mucho sobre la misericordia. No quiere cambiar la doctrina, es un hombre conservador, pero cambiará la forma de acercarse a un problema. La condena per sé no sirve, es preciso acercarse a la gente sin ser muy rígidos ni permisivos”.
Al referirse al encuentro que sostuvo con el Papa Francisco el pasado 27 de febrero, respecto al viaje a Tierra Santa en mayo próximo, Marcó indicó que “éramos una delegación de 45 personas compuesta por 15 judíos, 15 musulmanes y 15 católicos que habíamos visitado los mismos lugares donde estará él: Belén, Jerusalén y Jordania”.


Marcó estimó que el Pontífice mantiene el mismo objetivo en cuanto al diálogo porque realiza “acciones conjuntas y no tanto discutir de teología. El Papa Francisco sabe bien que las relaciones se empantanan si se discute de política o de teología”.