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sábado, 27 de diciembre de 2014

EL PAPA ENVÍA CARTA DE NAVIDAD A LOS CRISTIANOS PERSEGUIDOS DE MEDIO ORIENTE.

Pesebre en campamento de cristianos refugiados en Irak / Foto: Captura de Youtube (AIN / Anton Fric)
VATICANO, 23 Dic. 14- La Santa Sede publicó el martes pasado la carta que el Papa Francisco envió a los cristianos en Medio Oriente con motivo de la Navidad, para expresarles su cercanía y agradecerles su testimonio de fe a pesar de las persecuciones del Estado Islámico (ISIS), e instar nuevamente a la comunidad internacional a hacer todos los esfuerzos por detener la violencia “que ya ha causado demasiado daño”. “No están solos”, aseguró Francisco, “realmente espero tener la gracia de ir en persona a visitarlos y confortarlos”.
A continuación la carta completa del Papa Francisco:
''Queridos hermanos y hermanas: ‘¡Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de las misericordias y Dios de todo consuelo, que nos consuela en cualquier tribulación nuestra hasta el punto de poder consolar nosotros a los demás en cualquier lucha, mediante el consuelo con que nosotros mismos somos consolados por Dios!’
Fueron estas palabras del apóstol Pablo las que se me vinieron a la mente cuando pensaba dirigirme a ustedes, hermanos cristianos de Oriente Medio. Lo hago a las puertas de la Navidad, a sabiendas de que para muchos de ustedes las notas de los villancicos estarán mezcladas con lágrimas y suspiros. Sin embargo, el nacimiento del Hijo de Dios en nuestra carne humana es un misterio inefable de consolación: 'Pues se ha manifestado la gracia de Dios, que trae la salvación para todos los hombres'.
Por desgracia, nunca han faltado tribulación ni aflicción en Oriente Medio tanto en el pasado como recientemente. En los últimos meses se han agravado debido a los conflictos que afligen a la Región, pero especialmente por la actividad de una reciente y preocupante organización terrorista, de unas dimensiones nunca antes vistas, que comete todo tipo de abusos y prácticas inhumanas, golpeando especialmente a aquellos de ustedes que han sido brutalmente expulsados de sus tierras, en las que los cristianos están presentes desde la época apostólica.
Al dirigirme a ustedes, no puedo olvidarme de otros grupos religiosos y étnicos que sufren también la persecución y las consecuencias de estos conflictos. Sigo cada día las noticias del inmenso sufrimiento de tantas personas en Oriente Medio. Pienso especialmente en los niños, las madres, los ancianos, los desplazados y refugiados, los que pasan hambre, los que tienen que soportar la dureza del invierno sin un techo bajo el que protegerse. Este sufrimiento clama a Dios y apela al compromiso de todos nosotros, con la oración y todo tipo de iniciativas. Deseo hacer llegar a todos mi cercanía y solidaridad, así como la de la Iglesia, y dar una palabra de consuelo y esperanza.
Queridos hermanos y hermanas, que con valentía dan testimonio de Jesús en su tierra bendecida por el Señor, nuestro consuelo y nuestra esperanza es Cristo. Por tanto, los animo a permanecer unidos a Él, como los sarmientos a la vid, seguros de que ni la tribulación, la angustia o la persecución podrán separarnos de Él. Que la prueba que están atravesando fortalezca su fe y fidelidad.
Rezo para que vivan la comunión fraterna a ejemplo de la primera comunidad de Jerusalén. La unidad querida por nuestro Señor es más necesaria que nunca en estos tiempos difíciles; es un don de Dios que interpela a nuestra libertad y espera nuestra respuesta. Que la Palabra de Dios, los sacramentos, la oración y la fraternidad, alimenten y renueven continuamente sus comunidades.
La situación en que viven es una fuerte llamada a la santidad de vida, como así lo han atestiguado los santos y mártires de diversa pertenencia eclesial. Recuerdo con afecto y veneración a los Pastores y fieles a los que en los últimos tiempos se les ha pedido el sacrificio de la vida, a menudo por el mero hecho de ser cristianos. También pienso en las personas secuestradas, entre las cuales se encuentran algunos Obispos ortodoxos y sacerdotes de diversos ritos. ¡Ojalá puedan volver pronto sanos y salvos a sus casas y comunidades! Le pido a Dios que tanto sufrimiento unido a la cruz del Señor dé frutos abundantes para la Iglesia y los pueblos de Oriente Medio.
En medio de las enemistades y los conflictos, la comunión vivida entre ustedes, con fraternidad y sencillez, es un signo del Reino de Dios. Me alegro de las buenas relaciones y la cooperación entre los Patriarcas de las Iglesias orientales católicas y los Ortodoxos, así como entre los fieles de las diversas Iglesias. El sufrimiento que padecen los cristianos constituye una aportación inestimable a la causa de la unidad. Se trata del ecumenismo de la sangre, que requiere abandonarse confiadamente a la acción del Espíritu Santo.
¡Que puedan dar siempre testimonio de Jesús en medio de las dificultades! Su presencia es valiosa para Oriente Medio. Son un pequeño rebaño, pero con una gran responsabilidad en la tierra en que nació y se extendió el cristianismo. Son como la levadura en la masa. Antes que cualquiera de las actividades de la Iglesia en el ámbito de educativo, sanitario o asistencial, tan valoradas por todos, la mayor riqueza para la región son los cristianos, son ustedes. Gracias por su perseverancia.
Sus intentos por colaborar con personas de otras religiones, con judíos y musulmanes, es otro signo del Reino de Dios. El diálogo interreligioso es tanto más necesario cuanto más difícil es la situación. No hay otro camino. El diálogo basado en una actitud de apertura, en la verdad y el amor, es también el mejor antídoto contra la tentación del fundamentalismo religioso, que es una amenaza para los creyentes de todas las religiones. El diálogo es a la vez un servicio a la justicia y una condición necesaria para la tan deseada paz.
La mayor parte de ustedes vive en un ambiente de mayoría musulmana. Pueden ayudar a sus conciudadanos musulmanes a presentar con discernimiento una imagen más auténtica del Islam, como quieren muchos de ellos, que repiten que el Islam es una religión de paz, que se puede armonizar con el respeto de los derechos humanos y favorecer la convivencia de todos. Será algo bueno para ellos y para toda la sociedad. La dramática situación que viven nuestros hermanos cristianos en Irak, y también los Yazidíes y los miembros de otras comunidades religiosas y étnicas, exige por parte de todos los líderes religiosos una postura clara y valiente, para condenar unánimemente y sin rodeos esos crímenes, y denunciar la práctica de invocar la religión para justificarlos.
Queridos hermanos, casi todos ustedes son ciudadanos nativos de sus países y, por lo tanto, tienen el deber y el derecho de participar plenamente en la vida y crecimiento de su nación. En la Región están llamados a ser constructores de paz, de reconciliación y desarrollo, a promover el diálogo, construir puentes, según el espíritu de las bienaventuranzas, a proclamar el evangelio de la paz, dispuestos a colaborar con todas las autoridades nacionales e internacionales.
Deseo expresar mi especial reconocimiento y gratitud a todos ustedes, queridos hermanos Patriarcas, Obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas, que acompañan con solicitud el camino de sus comunidades. ¡Qué preciosa es la presencia y actividad de los que se han consagrado totalmente al Señor y lo sirven en los hermanos, especialmente en los más necesitados, testimoniando su grandeza y su amor infinito! ¡Qué importante es la presencia de los Pastores junto a su rebaño, especialmente en los momentos de dificultad!
A ustedes, jóvenes, les mando un abrazo paternal. Rezo por su fe, por su crecimiento humano y cristiano, y para que sus mejores proyectos se cumplan. Y les repito: ''No tengan miedo ni vergüenza de ser cristianos. La relación con Jesús los hará disponibles para colaborar sin reservas con sus conciudadanos, con independencia de su afiliación religiosa''
A ustedes, ancianos, les hago llegar mis sentimientos de aprecio. Son la memoria de sus pueblos; espero que esta memoria sea semilla de crecimiento para las nuevas generaciones.
Me gustaría alentar a aquellos de ustedes que trabajan en las áreas tan importantes de la caridad y de la educación. Admiro el trabajo que están haciendo, especialmente a través de Cáritas y con la ayuda de otras organizaciones caritativas católicas de diferentes países, ayudando a todos sin distinción. A través del testimonio de la caridad, ofrecen el apoyo más valioso a la vida social y también contribuyen a la paz, de la que la Región está tan hambrienta como de pan. Pero también en el ámbito de la educación está en juego el futuro de la sociedad. Qué importante es la educación en la cultura del encuentro, del respeto de la dignidad de la persona y del valor absoluto de todo ser humano.
Queridos hermanos, aunque pocos en número, son protagonistas de la vida de la Iglesia y de los países en los que viven. Toda la Iglesia está con ustedes y los apoya, con gran afecto y estima por sus comunidades y su misión. Vamos a seguir ayudándolos con la oración y otros medios disponibles.
Al mismo tiempo, sigo instando a la Comunidad internacional para que venga en ayuda de sus necesidades y de las otras minorías que sufren; en primer lugar, promoviendo la paz a través de la negociación y la actividad diplomática, tratando de atajar y detener cuanto antes la violencia que ya ha causado demasiado daño. Reitero la más firme condena del tráfico de armas. Necesitamos en cambio proyectos e iniciativas de paz, para promover una solución global a los problemas de la Región. ¿Hasta cuándo tendrá que seguir sufriendo Oriente Medio por la falta de paz? No podemos resignarnos a los conflictos como si no fuera posible un cambio. En sintonía con mi peregrinación a Tierra Santa y el posterior encuentro de oración en el Vaticano con los Presidentes israelita y palestino, los invito a seguir orando por la paz en Oriente Medio. Que quien se vio obligado a abandonar sus tierras, pueda regresar y vivir con dignidad y seguridad. Que la asistencia humanitaria se incremente, siempre buscando el bien de la persona y de cada país, respetando su propia identidad, sin anteponer otros intereses. Que toda la Iglesia y la Comunidad internacional sean cada vez más conscientes de la importancia de su presencia en la Región.
Queridos hermanas y hermanos cristianos de Oriente Medio, tienen una gran responsabilidad y no están solos frente a ella. Por eso he querido escribirles para animarlos y para decirles lo valiosa que es su presencia y su misión en esta tierra bendecida por el Señor. Su testimonio me hace mucho bien. Gracias. Todos los días rezo por ustedes y sus intenciones. Les doy las gracias porque sé que ustedes, en sus sufrimientos, rezan por mí y por mi servicio a la Iglesia. Realmente espero tener la gracia de ir en persona a visitarlos y confortarlos. Que la Virgen María, la Santísima Madre de Dios y Madre nuestra, los acompañe y proteja siempre con su ternura. A todos ustedes y a sus familias imparto la Bendición Apostólica con el deseo de que vivan la Santa Navidad en el amor y la paz de Cristo Salvador''.

jueves, 23 de octubre de 2014

PAPA FRANCISCO PIDE EVITAR QUE MEDIO ORIENTE SE QUEDE SIN CRISTIANOS

Imagen referencial / Foto: Caritas Jerusalén
VATICANO, 20 Oct. 14- El Papa Francisco pidió este lunes no resignarse a la existencia de un Medio Oriente sin cristianos, especialmente en Irak y Siria, donde el Estado Islámico (ISIS) está aplicando “un terrorismo de dimensiones antes inimaginables” y frente al cual la comunidad internacional debe intervenir de manera adecuada.
El Papa hizo este llamado durante el Consistorio de Medio Oriente, donde también se presentaron las causas de canonización del Beato José Vaz y de la religiosa María Cristina de la Inmaculada Concepción. A este evento asisten 86 representantes, entre cardenales, patriarcas y los Superiores de la Secretaría de Estado.
El Santo Padre recordó que “nos une el deseo de paz y de estabilidad en Oriente Medio y la voluntad de favorecer la resolución de los conflictos a través del diálogo, la reconciliación y el empeño político”, así como “brindar la mayor ayuda posible a las comunidades cristianas para sostener su permanencia en la región”.
“Como he tenido la ocasión de reafirmar varias veces, no podemos resignarnos a pensar en Oriente Medio sin los cristianos, que desde hace dos mil años confiesan el nombre de Jesús”, expresó el Papa.
Sin embargo, denunció, “los últimos acontecimientos, sobre todo en Irak y en Siria, son muy preocupantes. Asistimos a un fenómeno de terrorismo de dimensiones antes inimaginables. Tantos hermanos nuestros son perseguidos y han tenido que dejar sus casas, incluso de manera brutal. Parece que se ha perdido la conciencia del valor de la vida humana, parece que la persona no cuente y se la pueda sacrificar por otros intereses Y todo esto, lamentablemente, ante la indiferencia de tantos”.
“Esta situación injusta requiere, además de nuestra constante oración, una respuesta adecuada también de parte de la Comunidad Internacional”, señaló el Papa.
En ese sentido, manifestó a los asistentes su deseo de que con la ayuda del Señor, en el encuentro de hoy broten “reflexiones y sugerencias válidas para poder ayudar a nuestros hermanos que sufren y también para salir al encuentro del drama de la reducción de la presencia cristiana en la tierra donde ha nacido y desde la cual se ha difundido el cristianismo”.
La Santa Sede informó que en el Consistorio han intervenido aproximadamente 30 personas, entre patriarcas y cardenales, donde se describió la situación y los problemas principales de las Iglesias en Irak, Siria, Egipto, Tierra Santa, Jordania, Líbano y otros países de la región.
Los representantes señalaron que Oriente Medio necesita urgentemente replantearse su futuro. “Se resaltó la importancia de Jerusalén, como ‘capital de la fe’ para las tres grandes religiones monoteístas y se puso en evidencia la necesidad de llegar a una solución del conflicto israelí-palestino y sirio. Ante las violencias perpetradas por el ISIS se ha reiterado que no se puede matar en nombre de Dios”.
En ese sentido se pidió a la comunidad internacional garantizar a los refugiados cristianos “la posibilidad de regresar cuanto antes a sus hogares, estableciendo ‘zonas de seguridad’, por ejemplo en la llanura de Nínive”. Además se exhortó a no olvidarse de los secuestrados en Oriente Medio.
También se defendió el derecho fundamental a la libertad religiosa, de culto y conciencia. En ese sentido, se exigió “que se reconozcan a los cristianos todos los derechos civiles de los demás ciudadanos, sobre todo en los países donde actualmente la religión no está separada del Estado”.
Indicaron que “un Oriente Medio sin cristianos sería una grave pérdida para todos, ya que juegan un papel fundamental para mantener el equilibrio en esa zona y por su gran compromiso en el ámbito de la educación”. “Es esencial alentar a los cristianos para que permanezcan en Oriente Medio y perseveren en su misión, también porque han contribuido al bienestar de los países en que viven”.
Indicaron que en el caso de los cristianos que emigran, pidieron que sean acogidos en las Iglesias y países a los que llegan, y se les brinden las “estructuras pastorales adecuadas para los diversos ritos”. Es necesario seguir con “el envío de ayudas humanitarias a Oriente Medio para que los cristianos se sientan animados a permanecer en sus tierras y a cultivar las diversas manifestaciones de solidaridad posibles por parte de las Iglesias de otros países, por ejemplo, con viajes y peregrinaciones”.
Asimismo, señalaron que en Medio Oriente los libros escolares no hablan “de forma positiva de las religiones diversas de la del Estado”. Señalaron que esto requiere de una reflexión por parte de las instituciones locales; así como de “un diálogo interreligioso con los musulmanes, partiendo de la base común de la razón y de una auténtica cooperación ecuménica, para que todas las Iglesias de Oriente Medio hagan oír una única voz”.
El Patriarca maronita de Antioquía, Cardenal Bechara Boutros Rai, dijo que el llamado del Papa a realizar este consistorio y el encuentro que tuvo semanas atrás con los nuncios de Medio Oriente, manifiestan la preocupación de Francisco por la situación de los cristianos.
El Purpurado dijo a Radio Vaticana que este interés del Papa es de gran consuelo moral para los cristianos y para los países de esa región, porque todos tienen necesidad de un apoyo moral y también de un verdadero apoyo diplomático, dado el papel y la importante influencia de la Santa Sede en el ámbito internacional.