Todos los domingos por la mañana, Eucaristía con los jóvenes

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Altar. Capilla Ntra Sra. del Rosario.
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miércoles, 22 de enero de 2014

ACCIÓN DE GRACIAS AL III DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO (A)


Padre nuestro del cielo, hoy nuestra plegaria
se centra en el deseo de Cristo al pedirte ardientemente
la unidad total de cuantos por el ancho mundo creemos en ti.
Solamente tú puedes lograr lo que parece imposible:
que los hermanos esperados nos unamos en una sola Iglesia,
formando un solo rebaño bajo la guía de un solo pastor.

Todos hemos sido bautizados en un mismo Espíritu
para constituir un solo cuerpo, el cuerpo eclesial de Cristo.
Ayúdanos a mantener la unidad de la fe con el vínculo de la paz,
porque una sola es la meta de la esperanza de la vocación
a la que tú nos llamas en Jesucristo nuestro Señor.

Amén.


(Tomado de B. Caballero: La Palabra cada Domingo, San Pablo, España, 1993, p. 117)

jueves, 2 de enero de 2014

LA MADRE DEL REDENTOR NOS PRECEDE Y NOS CONFIRMA EN LA FE, DICE EL PAPA.

 

Papa Francisco. Foto: ACI Prensa
VATICANO, 01 Ene. 14 / 10:10 am- Al celebrar la Misa en la Solemnidad de María Santísima Madre de Dios, el Papa Francisco señaló que la Virgen María, Madre de Jesús, nos precede y continuamente nos confirma en la fe.

“La Madre del Redentor nos precede y continuamente nos confirma en la fe, en la vocación y en la misión. Con su ejemplo de humildad y de disponibilidad a la voluntad de Dios nos ayuda a traducir nuestra fe en un anuncio del Evangelio alegre y sin fronteras”.

A continuación, Texto completo de la homilía del Papa Francisco:

“La primera lectura que hemos escuchado nos propone una vez más las antiguas palabras de bendición que Dios sugirió a Moisés para que las enseñara a Aarón y a sus hijos: ‘Que el Señor te bendiga y te proteja. Que el Señor haga brillar su rostro sobre ti y te muestre su gracia. Que el Señor te descubra su rostro y te conceda la paz’.

Es muy significativo escuchar de nuevo esta bendición precisamente al comienzo del nuevo año: ella acompañará nuestro camino durante el tiempo que ahora nos espera.

Son palabras de fuerza, de valor, de esperanza. No de una esperanza ilusoria, basada en frágiles promesas humanas; ni tampoco una esperanza ingenua, que imagina un futuro mejor sólo porque es futuro. Esta esperanza tiene su razón de ser precisamente en la bendición de Dios, una bendición que contiene el mejor de los deseos, el deseo de la Iglesia para todos nosotros, impregnado de la protección amorosa del Señor, de su ayuda providente.

El deseo contenido en esta bendición se ha realizado plenamente en una mujer, María, por haber sido destinada a ser la Madre de Dios, y se ha cumplido en ella antes que en ninguna otra criatura.

Madre de Dios. Este es el título principal y esencial de la Virgen María. Es una cualidad, un papel, que la fe del pueblo cristiano siempre ha experimentado, en su tierna y genuina devoción por nuestra madre celestial.

Recordemos aquel gran momento de la historia de la Iglesia antigua, el Concilio de Éfeso, en el que fue definida con autoridad la divina maternidad de la Virgen. La verdad sobre la divina maternidad de María encontró eco en Roma, donde poco después se construyó la Basílica de Santa María ‘la Mayor’, primer santuario mariano de Roma y de todo occidente, y en el cual se venera la imagen de la Madre de Dios —la Theotokos— con el título de Salus populi romani.

Se dice que, durante el Concilio, los habitantes de Éfeso se congregaban a ambos lados de la puerta de la basílica donde se reunían los Obispos, gritando: ‘¡Madre de Dios!’. Los fieles, al pedir que se definiera oficialmente este título mariano, demostraban reconocer ya la divina maternidad. Es la actitud espontánea y sincera de los hijos, que conocen bien a su madre, porque la aman con inmensa ternura.

Pero es más, es el sensus fidei del santo pueblo de Dios que jamás, en su unidad, jamás se equivoca, el santo Pueblo de Dios.

María está desde siempre presente en el corazón, en la devoción y, sobre todo, en el camino de fe del pueblo cristiano. ‘La Iglesia… camina en el tiempo… Pero en este camino - deseo destacarlo - procede recorriendo de nuevo el itinerario realizado por la Virgen María’, y por eso la sentimos particularmente cercana a nosotros.

Por lo que respecta a la fe, que es el quicio de la vida cristiana, la Madre de Dios ha compartido nuestra condición, ha debido caminar por los mismos caminos que recorremos nosotros, a veces difíciles y oscuros, ha debido avanzar en ‘la peregrinación de la fe’.

Nuestro camino de fe está unido de manera indisoluble a María desde el momento en que Jesús, muriendo en la cruz, nos la ha dado como Madre diciendo: ‘He ahí a tu madre’. Estas palabras tienen un valor de testamento y dan al mundo una Madre. Desde ese momento, la Madre de Dios se ha convertido también en nuestra Madre.

En aquella hora en la que la fe de los discípulos se agrietaba por tantas dificultades e incertidumbres, Jesús les confió a aquella que fue la primera en creer, y cuya fe no decaería jamás. Y la ‘mujer’ se convierte en nuestra Madre en el momento en el que pierde al Hijo divino. Y su corazón herido se ensancha para acoger a todos los hombres, buenos y malos, todos, y los ama como los ama Jesús.

La mujer que en las bodas de Caná de Galilea había cooperado con su fe a la manifestación de las maravillas de Dios en el mundo, en el Calvario mantiene encendida la llama de la fe en la resurrección de su Hijo, y la comunica con afecto materno a los demás. María se convierte así en fuente de esperanza y de verdadera alegría.

La Madre del Redentor nos precede y continuamente nos confirma en la fe, en la vocación y en la misión. Con su ejemplo de humildad y de disponibilidad a la voluntad de Dios nos ayuda a traducir nuestra fe en un anuncio del Evangelio alegre y sin fronteras. De este modo nuestra misión será fecunda, porque está modelada sobre la maternidad de María.

A ella confiamos nuestro itinerario de fe, los deseos de nuestro corazón, nuestras necesidades, las del mundo entero, especialmente el hambre y la sed de justicia, de paz y de Dios; y la invocamos todos juntos, imitando a nuestros hermanos de Éfeso. Digamos juntos por tres veces: ¡Santa Madre de Dios! ¡Santa Madre de Dios! ¡Santa Madre de Dios! Amén”.

jueves, 22 de agosto de 2013

ACCIÓN DE GRACIAS AL DOMINGO XXI DEL TIEMPO ORDINARIO


Te damos gracias, Padre, porque en tu bondad nos destinaste
A plasmar en nosotros la imagen de Cristo Jesús, tu Hijo,
De modo que Él fuera el primogénito entre muchos hermanos.

Haznos entender, Padre, que el paso angosto de su puerta
No es moralismo estrecho y triste, sino liberación gozosa
Y conversión necesaria antes que sea tarde y se cierre la puerta.

Concédenos, Señor, responder generosamente a la llamada
que nos haces al seguimiento fiel de Cristo en la Iglesia;
e ilumina los ojos de nuestro corazón para que comprendamos
la esperanza de nuestra vocación cristiana a la santidad
y la riqueza de gloria que das en herencia a tus hijos.

Amén.


(Tomado de B. Caballero: La Palabra cada Domingo, San Pablo, España, 1993, p. 563)

miércoles, 3 de julio de 2013

ACCIÓN DE GRACIAS AL DOMINGO XIV DEL TIEMPO ORDINARIO


Te bendecimos, Padre, dios de los apóstoles y profetas,
por Jesús, tu primer enviado en misión de paz y amor,
para anunciar a los pobres la buena nueva de la liberación,
para curar a los enfermos y cosechar la mies abundante.

Cristo Jesús delegó su misión a los suyos, a nosotros;
desde entonces evangelizar es la dicha y vocación de la Iglesia.
Jesús nos quiere disponibles, con la libertad de la pobreza,
para compartir con los demás lo que tú mismo nos regalas.

Libéranos, Señor, de nosotros mismos, de tanto bagaje
y peso inútil, que nos instala y entorpece, para que no perdamos
el ritmo de la misión ni ahoguemos tu Espíritu en nosotros.

Amén.


(Tomado de B. Caballero: La Palabra cada Domingo, San Pablo, España, 1993, p. 542)

jueves, 27 de junio de 2013

LECTURAS - DOMINGO XIII DEL TIEMPO ORDINARIO

PRIMERA LECTURA
Eliseo se levantó y marchó tras Elías

Lectura del Primer libro de los Reyes 19, 16b. 19-21
En aquellos días, el Señor dijo a Elías:
«Unge profeta sucesor tuyo a Eliseo, hijo de Safat, de Prado Bailén. »
Elías se marchó y encontró a Eliseo, hijo de Safat, arando con doce yuntas en fila, él con la última. Elías pasó a su lado y le echó encima el manto.
Entonces Eliseo, dejando los bueyes, corrió tras Elías y le pidió:
- «Déjame decir adiós a mis padres; luego vuelvo y te sigo.»
Elías le dijo:
-«Ve y vuelve; ¿quién te lo impide?» 
Eliseo dio la vuelta, cogió la yunta de bueyes y los ofreció en sacrificio; hizo fuego con aperos, asó la carne y ofreció de comer a su gente; luego se levantó, marchó tras Elías y se puso a su servicio.
Palabra de Dios.


Salmo responsorial 
Sal 15, 1-2a y 5. 7-8. 9-10. 11(R.: cf. 5a)

R/. "Tú, Señor, eres el lote de mi heredad."

Protégeme, Dios mío,
que me refugio en ti;
yo digo al Señor: «Tú eres mi bien.»
El Señor es el lote de mi heredad y mi copa;
mi suerte está en tu mano.
R/. "Tú, Señor, eres el lote de mi heredad."
Bendeciré al Señor, que me aconseja,
hasta de noche me instruye internamente.
Tengo siempre presente al Señor,
con él a mi derecha no vacilaré.
R/. "Tú, Señor, eres el lote de mi heredad."
Por eso se me alegra el corazón,
se gozan mis entrañas,
y mi carne descansa serena.
Porque no me entregarás a la muerte,
ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción.
R/. "Tú, Señor, eres el lote de mi heredad."
Me enseñarás el sendero de la vida,
me saciarás de gozo en tu presencia,
de alegría perpetua a tu derecha.
R/. "Tú, Señor, eres el lote de mi heredad."

SEGUNDA LECTURA
Vuestra vocación es la libertad
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Gálatas 5, 1. 13-18
Hermanos: Para vivir en libertad, Cristo nos ha liberado. Por tanto, manteneos firmes, y no os sometáis de nuevo al yugo de la esclavitud. 
Hermanos, vuestra vocación es la libertad: no una libertad para que se aproveche la carne; al contrario, sed esclavos unos de otros por amor. Porque toda la Ley se concentra en esta frase: «Amarás al prójimo como a ti mismo.» Pero, atención: que si os mordéis y devoráis unos a otros, terminaréis por destruiros mutuamente. 
Yo os lo digo: andad según el Espíritu y no realicéis los deseos de la carne; pues la carne desea contra el espíritu y el espíritu contra la carne. Hay entre ellos un antagonismo tal que no hacéis lo que quisierais. 
En cambio, si os guía el Espíritu, no estáis bajo el dominio de la Ley.
Palabra de Dios.


EVANGELIO 
Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén. Te seguiré adonde vayas.

Lectura del santo evangelio según san Lucas 9, 51-62
Cuando se iba cumpliendo el tiempo de ser llevado al cielo, Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén. Y envió mensajeros por delante.
De camino, entraron en una aldea de Samaria para prepararle alojamiento. Pero no lo recibieron, porque se dirigía a Jerusalén.
Al ver esto, Santiago y Juan, discípulos suyos, le preguntaron:
- «Señor, ¿quieres que mandemos bajar fuego del cielo que acabe con ellos?»
Él se volvió y les regañó. Y se marcharon a otra aldea.
Mientras iban de camino, le dijo uno:
- «Te seguiré adonde vayas.»
Jesús le respondió:
- «Las zorras tienen madriguera, y los pájaros nido, pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza.»
A otro le dijo:
-«Síguerne.» 
Él respondió:
-«Déjame primero ir a enterrar a mi padre.» 
Le contestó:
-«Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el reino de Dios. »
Otro le dijo:
- «Te seguiré, Señor. Pero déjame primero despedirme de mi familia. »
Jesús le contestó:
«El que echa mano al arado y sigue mirando atrás no vale para el reino de Dios. »
Palabra del Señor