Todos los domingos por la mañana, Eucaristía con los jóvenes

Todos los domingos por la mañana, Eucaristía con los jóvenes
Altar. Capilla Ntra Sra. del Rosario.

miércoles, 12 de noviembre de 2014

DOMINGO XXXIII - DÍA DE LA IGLESIA DIOCESANA.

Primera lectura

Lectura del libro de los Proverbios (31,10-13.19-20.30-31):
Una mujer hacendosa, ¿quién la hallará? Vale mucho más que las perlas. Su marido se fía de ella, y no le faltan riquezas. Le trae ganancias y no pérdidas todos los días de su vida. Adquiere lana y lino, los trabaja con la destreza de sus manos. Extiende la mano hacia el huso, y sostiene con la palma la rueca. Abre sus manos al necesitado y extiende el brazo al pobre. Engañosa es la gracia, fugaz la hermosura, la que teme al Señor merece alabanza. Cantadle por el éxito de su trabajo, que sus obras la alaben en la plaza.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 127,1-2.3.4-5

R/.
Dichoso el que teme al Señor

Dichoso el que teme al Señor
y sigue sus caminos.
Comerás del fruto de tu trabajo,
serás dichoso, te irá bien. R/.

Tu mujer, como parra fecunda,
en medio de tu casa; tus hijos,
como renuevos de olivo,
alrededor de tu mesa. R/.

Ésta es la bendición del hombre que teme al Señor.
Que el Señor te bendiga desde Sión,
que veas la prosperidad de Jerusalén
todos los días de tu vida. R/.

Segunda lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses (5,1-6):
En lo referente al tiempo y a las circunstancias no necesitáis, hermanos, que os escriba. Sabéis perfectamente que el día del Señor llegará como un ladrón en la noche. Cuando estén diciendo: «Paz y seguridad», entonces, de improviso, les sobrevendrá la ruina, como los dolores de parto a la que está encinta, y no podrán escapar. Pero vosotros, hermanos, no vivís en tinieblas, para que ese día no os sorprenda como un ladrón, porque todos sois hijos de la luz e hijos del día; no lo sois de la noche ni de las tinieblas, Así, pues, no durmamos como los demás, sino estemos vigilantes y despejados.

Palabra de Dios

Evangelio

Evangelio según san Mateo (25,14-30), del domingo, 16 de noviembre de 2014
Lectura del santo evangelio según san Mateo (25,14-30):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: «Un hombre, al irse de viaje, llamó a sus empleados y los dejó encargados de sus bienes: a uno le dejó cinco talentos de plata, a otro dos, a otro uno, a cada cual según su capacidad; luego se marchó. El que recibió cinco talentos fue en seguida a negociar con ellos y ganó otros cinco. El que recibió dos hizo lo mismo y ganó otros dos. En cambio, el que recibió uno hizo un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su señor. Al cabo de mucho tiempo volvió el señor de aquellos empleados y se puso a ajustar las cuentas con ellos. Se acercó el que había recibido cinco talentos y le presentó otros cinco, diciendo: "Señor, cinco talentos me dejaste; mira, he ganado otros cinco." Su señor le dijo: "Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; pasa al banquete de tu señor." Se acercó luego el que había recibido dos talentos y dijo: "Señor, dos talentos me dejaste; mira, he ganado otros dos." Su señor le dijo: "Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; pasa al banquete de tu señor." Finalmente, se acercó el que había recibido un talento y dijo: "Señor, sabía que eres exigente, que siegas donde no siembras y recoges donde no esparces, tuve miedo y fui a esconder mi talento bajo tierra. Aquí tienes lo tuyo." El señor le respondió: "Eres un empleado negligente y holgazán. ¿Con que sabías que siego donde no siembro y recojo donde no esparzo? Pues debías haber puesto mi dinero en el banco, para que, al volver yo, pudiera recoger lo mío con los intereses. Quitadle el talento y dádselo al que tiene diez. Porque al que tiene se le dará y le sobrará, pero al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene. Y a ese empleado inútil echadle fuera, a las tinieblas; allí será el llanto y el rechinar de dientes."»

Palabra del Señor

PAPA FRANCISCO AL G20: "NO BASTA SOLUCIÓN MILITAR PARA VENCER AL TERRORISMO EN MEDIO ORIENTE"

 Foto facebook Amigos de Irak
VATICANO, 11 Nov- El Papa Francisco ha enviado una carta al Primer Ministro de Australia, Tony Abbot, que será el encargado de presidir la Cumbre de los Jefes de Estado y Gobierno de 2º países (conocido como G-20) y que tendrá lugar el 15 y 16 de noviembre en la ciudad de Brisbane, al noroeste del país.
En la misiva el Santo Padre denuncia nuevamente la persecución religiosa a la que son sometidos los cristianos en Oriente Medio y a la grave situación que viven desde la aparición del denominado Estado Islámico.
Por esto, el Papa Francisco pide un acuerdo que lleve, en el marco de la ordenación de la ONU, al “fin definitivo en Oriente Medio de la injusta agresión contra diferentes grupos, religiosos y étnicos, incluidas las minorías”.
Este acuerdo tendría que llevar también “a la eliminación de las causas profundas del terrorismo que ha alcanzado proporciones hasta ahora inimaginables”, entre las que se encuentran “la pobreza, el subdesarrollo y la exclusión”.
El Santo Padre considera que “cada vez es más evidente que la solución a este grave problema no puede ser exclusivamente de naturaleza militar, sino que también debe centrarse en aquellos que de una u otra manera alientan a los grupos terroristas con el apoyo político, el comercio ilegal de petróleo o el suministro de armas y tecnología”.
“También es necesario un esfuerzo educativo y una conciencia más clara de que la religión no puede utilizarse como forma de justificar la violencia”, ha manifestado en el escrito al Primer Ministro de Australia.
“Estos conflictos dejan cicatrices profundas y producen en varias partes del mundo situaciones humanitarias insoportables”, ha indicado el Papa Francisco en relación a uno de los temas que más le preocupan.
El Santo Padre pidió también que los Estados Miembros del G20 “sean ejemplo de generosidad y solidaridad a la hora de hacer frente a las necesidades de las víctimas de estos conflictos, especialmente de los refugiados”.

miércoles, 5 de noviembre de 2014

CANCIONES PARA EL DOMINGO XXXII - SAN JUAN DE LETRÁN


ENTRADA: Iglesia peregrina. nº 62.

SALMO: Gracias Señor. nº 54 (sólo dos estrofas).

ALELUYA: "Aleluya cantará, quién perdió la esperanza, y la tierra sonreirá, Aleluya".

OFERTORIO: Saber que vendarás. nº 100.

LA PAZ: La paz esté von vosotros.
               Palomas de la paz.

CORDERO DE DIOS.

COMUNIÓN: Un Mandamiento Nuevo. nº 124.
                       Cristo te necesita. nº 31.

CANTO A MARÍA: Quiero decir que sí. nº 96.

DOMINGO XXXII - LECTURAS DE LA DEDICACIÓN DE LA BASÍLICA DE LETRÁN.

Primera lectura

Lectura de la profecía de Ezequiel (47,1-2.8-9.12):
En aquellos días, el ángel me hizo volver a la entrada del templo. Del zaguán del templo manaba agua hacia levante –el templo miraba a levante–. El agua iba bajando por el lado derecho del templo, al mediodía del altar. Me sacó por la puerta septentrional y me llevó a la puerta exterior que mira a levante. El agua iba corriendo por el lado derecho.
Me dijo: «Estas aguas fluyen hacia la comarca levantina, bajarán hasta la estepa, desembocarán en el mar de las aguas salobres, y lo sanearán. Todos los seres vivos que bullan allí donde desemboque la corriente, tendrán vida; y habrá peces en abundancia. Al desembocar allí estas aguas, quedará saneado el mar y habrá vida dondequiera que llegue la corriente. A la vera del río, en sus dos riberas, crecerán toda clase de frutales; no se marchitarán sus hojas ni sus frutos se acabarán; darán cosecha nueva cada luna, porque los riegan aguas que manan del santuario; su fruto será comestible y sus hojas medicinales.»
Palabra de Dios

Salmo

Sal 45,2-3.5-6.8-9

R/.
El correr de las acequias alegra la ciudad de Dios,
el Altísimo consagra su morada

Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza,
poderoso defensor en el peligro.
Por eso no tememos aunque tiemble la tierra,
y los montes se desplomen en el mar. R/.

El correr de las acequias alegra la ciudad de Dios,
el Altísimo consagra su morada.
Teniendo a Dios en medio, no vacila;
Dios la socorre al despuntar la aurora. R/.

El Señor de los ejércitos está con nosotros,
nuestro alcázar es el Dios de Jacob.
Venid a ver las obras del Señor,
las maravillas que hace en la tierra:
pone fin a la guerra hasta el extremo del orbe. R/.

Segunda lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios (3,9c-11.16-17):
Sois edificio de Dios. Conforme al don que Dios me ha dado, yo, como hábil arquitecto, coloqué el cimiento, otro levanta el edificio. Mire cada uno cómo construye. Nadie puede poner otro cimiento fuera del ya puesto, que es Jesucristo. ¿No sabéis que sois templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros? Si alguno destruye el templo de Dios, Dios lo destruirá a él; porque el templo de Dios es santo: ese templo sois vosotros.
Palabra de Dios

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Juan (2,13-22):
Se acercaba la Pascua de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén.
Y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados; y, haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo, ovejas y bueyes; y a los cambistas les esparció las monedas y les volcó las mesas; y a los que vendían palomas les dijo: «Quitad esto de aquí; no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre.»
Sus discípulos se acordaron de lo que está escrito: «El celo de tu casa me devora.»
Entonces intervinieron los judíos y le preguntaron: «¿Qué signos nos muestras para obrar así?»
Jesús contestó: «Destruid este templo, y en tres días lo levantaré.»
Los judíos replicaron: «Cuarenta y seis años ha costado construir este templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?»
Pero él hablaba del templo de su cuerpo. Y, cuando resucitó de entre los muertos, los discípulos se acordaron de que lo había dicho, y dieron fe a la Escritura y a la palabra que había dicho Jesús.
Palabra del Señor

PAPA FRANCISCO: "ES DIFICIL OIR A DIOS CUANDO SE GIRA SOBRE UNO MISMO"

 Papa Francisco en la Misa de la Casa Santa Marta / Foto: L'Osservatore Romano
VATICANO, 04 Nov. Durante la Misa celebrada este martes en la Casa Santa Marta, el Papa Francisco llamó a dejar de lado el egoísmo y creerse el centro de todo, pues estas actitudes hacen difícil escuchar la voz de Dios, que ofrece como regalo la salvación eterna.
En su homilía, el Papa reflexionó sobre el pasaje del Evangelio donde un hombre ofreció una gran fiesta, pero los invitados pusieron excusas para no ir. Esta parábola, señaló, nos hace pensar porqué “a todos nos gusta ir a una fiesta, nos gusta ser invitados”. Pero en este banquete “había algo” que a los tres invitados “que son un ejemplo de tantos, no les gustaba”.
En ese sentido, recordó que uno de los invitados rechaza ir a la fiesta porque prefería ir a ver su campo, tiene ganas de verlo para sentirse “un poco potente”. “La vanidad, el orgullo, el poder, y prefiere más bien aquello que quedarse sentado como uno entre tantos”. Otro ha comprado cinco bueyes, por lo tanto está concentrado en los negocios y no quiere “perder tiempo” con otra gente.
Finalmente el tercero se excusa diciendo que es casado y no quiere llevar a la esposa a la fiesta. “No quería el afecto para sí mismo: el egoísmo”, advirtió el Papa.
“Al final los tres tienen una preferencia por sí mismos, no por compartir una fiesta: no sabe qué es una fiesta”. Siempre, hay un interés, hay lo que Jesús ha explicado como “el contracambio”.
Francisco dijo que si la invitación hubiera, por ejemplo: “Vengan, que tengo dos o tres amigos negociantes que vienen de otro país, podemos hacer algo juntos”, seguramente nadie se habría excusado.
Sin embargo, les asustaba “la gratuidad. Ser uno como los otros, allí. Precisamente el egoísmo, estar al centro de todo. Es tan difícil escuchar la voz de Jesús, la voz de Dios, cuando uno gira alrededor de sí mismo: no tiene horizonte, porque el horizonte es él mismo. Y detrás de esto hay otra cosa, más profunda: está el miedo de la gratuidad. Tenemos miedo de la gratuidad de Dios. Es tan grande que nos da miedo”.
Francisco dijo que esto sucede “porque las experiencias de la vida, tantas veces nos han hecho sufrir” como sucede a los discípulos de Emaús que se alejan de Jerusalén, o a Tomás, que quiere tocar para creer. “Cuando la oferta es tanta hasta el Santo sospecha”, señaló el Papa citando un refrán popular, porque “la gratuidad es demasiada”. “Y cuando Dios nos ofrece un banquete así” pensamos que “es mejor no meterse”:
“Estamos más seguros en nuestros pecados, en nuestros límites, pero estamos en nuestra casa; ¿salir de nuestra casa para ir a la invitación de Dios, a la casa de Dios, con los otros? No. Tengo miedo. Y todos nosotros cristianos tenemos este miedo: escondido, adentro…pero no demasiado. Católicos, pero no demasiado. Confiados en el Señor, pero no demasiado. Esto ‘pero no demasiado’ marca nuestra vida, nos hace pequeños, ¿no? Nos empequeñece”.
El Papa explicó que “una cosa que nos hace pensar es que, cuando el siervo le refirió todo esto a su dueño, el dueño se irritó porque había sido despreciado. Y manda a llamar a todos los pobres, los lisiados por las plazas y las vías de la ciudad. El Señor pidió al siervo que obligue a las personas a entrar a la fiesta. Tantas veces el Señor debe hacer con nosotros lo mismo: con las pruebas, tantas pruebas”.
“Oblígalos, que aquí será la fiesta”. “La gratuidad. Obligar a aquel corazón, a aquella alma a creer que es gratuidad de Dios, ¡que el don de Dios es gratis, que la salvación no se compra: es un gran regalo, que el amor de Dios…es el amor más grande! Ésta es la gratuidad.  Y nosotros tenemos un poco de miedo y por esto pensamos que la santidad se hace con nuestras cosas y a la larga, nos volvemos un poco pelagianos ¡eh! La santidad, la salvación es gratuita”, afirmó.
Francisco recordó que Jesús “ha pagado la fiesta, con su humillación hasta la muerte, muerte de Cruz. Y ésta es la gran gratuidad”.
“Cuando nosotros miramos el Crucifijo pensamos que ésta es la entrada a la fiesta: ‘Sí, Señor, soy pecador, tengo tantas cosas, pero te miro y voy a la fiesta del Padre. Me confío. No quedaré desilusionado, porque Tú has pagado todo’”.
Hoy “la Iglesia nos pide que no tengamos miedo de la gratuidad de Dios”. Solamente, “nosotros debemos abrir el corazón, de parte nuestra hacer todo lo que podemos, pero la gran fiesta la hará Él”, concluyó.