Todos los domingos por la mañana, Eucaristía con los jóvenes

Todos los domingos por la mañana, Eucaristía con los jóvenes
Altar. Capilla Ntra Sra. del Rosario.

martes, 21 de mayo de 2013

ACCIÓN DE GRACIAS - SOLEMNIDAD DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD


Dios todo poderoso y eterno, uno y trino, tres veces santo,
¿cómo nos atreveríamos a pronunciar tu nombre sublime
y llamarte Dios-Padre, Dios-Hijo y Dios-Espíritu Santo.
si Jesucristo, el Hijo de Dios, no nos lo hubiera revelado?

Gracias, Padre, por el amor que en Cristo nos manifestaste;
y gracias también, porque abriendo el círculo trinitario,
nos admites en tu familia como hijos de adopción por Cristo
y por el Espíritu que nos impulsa a llamarte con verdad: ¡Padre!

Haz, Señor, que guiados por tu Espíritu, nos conduzcamos
como hijos tuyos que viven gozosos la conciencia de serlo,
y con nuestra vida te demos culto y alabanza por siempre.

Amén.


(Tomado de B. Caballero: La Palabra cada domingo, San Pablo, España, 1995, p. 498)

LECTURAS - SOLEMNIDAD DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD



PRIMERA LECTURA
Señor, Señor, Dios compasivo y misericordioso

Lectura del libro del Éxodo 34, 4b-6. 8-9
En aquellos días, Moisés subió de madrugada al monte Sinaí, como le había mandado el Señor, llevando en la mano las dos tablas de piedra.
El Señor bajó en la nube y se quedó con él allí, y Moisés pronunció el nombre del Señor.
El Señor pasó ante él, proclamando:
-«Señor, Señor, Dios compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia y lealtad.»
Moisés, al momento, se inclinó y se echó por tierra.
Y le dijo:
-«Si he obtenido tu favor, que mi Señor vaya con nosotros, aunque ése es un pueblo de cerviz dura; perdona nuestras culpas y pecados y tómanos como heredad tuya.»
Palabra de Dios. 
Salmo responsorial
Dn 3, 52. 53. 54. 55. 56
R. A ti gloria y alabanza por los siglos.

Bendito eres, Señor, Dios de nuestros padres, bendito tu nombre santo y glorioso.
R./ A ti gloria y alabanza por los siglos
 
Bendito eres en el templo de tu santa gloria.
R./ A ti gloria y alabanza por los siglos.
 
Bendito eres sobre el trono de tu reino.
R./ A ti gloria y alabanza por los siglos.

Bendito eres tú, que sentado sobre querubines sondeas los abismos.
R./ A ti gloria y alabanza por los siglos.

Bendito eres en la bóveda del cielo.
R./ A ti gloria y alabanza por los siglos.
 

SEGUNDA LECTURA

La gracia de Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo
Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios 13, 11-13
Hermanos:
Alegraos, enmendaos, animaos; tened un mismo sentir y vivid en paz. Y el Dios del amor y de la paz estará con vosotros.
Saludaos mutuamente con el beso ritual.
Os saludan todos los santos.
La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo esté siempre con todos vosotros.
Palabra de Dios.
Aleluya Ap 1, 8
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo, al Dios que es, que era y que viene. 
 

EVANGELIO

Dios mandó su Hijo para que el mundo se salve por él
+ Lectura del santo evangelio según san Juan 3, 16-18
Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna.
Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.

El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios.Palabra del Señor.

EL FERVOR APOSTÓLICO DE SAN PABLO


Con su testimonio de la verdad, el cristiano debe «incomodar» a «nuestras estructuras cómodas», incluso a costo de acabar «en problemas», porque está animado por una «sana locura espiritual» por todas «las periferias existenciales». Siguiendo el ejemplo de san Pablo, que pasaba «de una batalla campal a otra», los creyentes no deben refugiarse «en una vida tranquila» o en componendas: hoy en la Iglesia hay demasiados «cristianos de salón, esos educados», «tibios», para quienes siempre está «todo bien», pero que no tienen dentro el ardor apostólico. Es un fuerte llamamiento a la misión —no sólo en las tierras lejanas, sino también en las ciudades— lo que el Papa Francisco lanzó el jueves 16 de mayo, por la mañana, en la misa celebrada en la capilla de la Domus Sanctae Marthae.
El punto de partida de su reflexión fue el pasaje de los Hechos de los apóstoles (22, 30; 23, 6-11) que tiene como protagonista precisamente a san Pablo en medio de una de sus  «batallas campales». Pero esta vez, dijo el Papa, es una batalla «iniciada incluso en cierto sentido por él, con su astucia. Cuando se dio cuenta de la división existente entre los que le acusaban», entre saduceos y fariseos, hizo que se pusieran «uno contra el otro. Pero toda la vida de Pablo iba de batalla campal en batalla campal, de persecución en persecución. Una vida con muchas pruebas, porque incluso el Señor había dicho que éste habría sido su  destino»; un destino «con muchas cruces, pero él sigue adelante; él mira al Señor y sigue adelante».
Y «Pablo incomoda: es un hombre —explicó el Pontífice— que con su predicación, con su trabajo, con su actitud incomoda porque precisamente anuncia a Jesucristo. Y el anuncio de Jesucristo incomoda a nuestras comodidades, muchas veces a nuestras estructuras cómodas, incluso cristianas. El Señor quiere siempre que vayamos más adelante, más adelante, más adelante. Quiere «que no nos refugiemos en una vida tranquila o en las estructuras caducas. Pablo, predicando el Señor, incomodaba. Pero él seguía adelante, porque tenía en sí la actitud propiamente cristiana que es el celo apostólico. Tenía fervor apostólico. No era un hombre de componendas. ¡No! La verdad: ¡adelante! El anuncio de Jesucristo: ¡adelante! Pero esto no era sólo por su temperamento: era un hombre fogoso».
Volviendo al relato de los Hechos, el Papa evidenció cómo «el Señor también se mezcla» en la vicisitud, «porque justamente después de esta batalla campal, la noche siguiente, dice a Pablo: ¡ánimo! Sigue adelante, un poco más. Es precisamente el Señor quien le impulsa a seguir adelante: “Como has dado testimonio de mí en Jerusalén, así es necesario que des testimonio también en Roma”». Y, agregó el Papa, «entre paréntesis, a mí me gusta que el Señor se preocupe de esta diócesis desde esa época: ¡somos privilegiados!».
«El celo apostólico —precisó— no es un entusiasmo para tener el poder, para tener algo. Es algo que viene de dentro y que el mismo Señor quiere de nosotros: cristiano con celo apostólico. ¿De dónde viene este celo apostólico? Viene del conocimiento de Jesucristo. Pablo se encontró con Jesucristo, pero no con un conocimiento intelectual, científico —es importante porque nos ayuda— sino con el conocimiento primero, con el conocimiento del corazón, del encuentro personal. El conocimiento de Jesús que me ha salvado y murió por mí: es ese propiamente el punto del conocimiento más profundo de Pablo. Y eso lo impulsa a seguir adelante, anunciar a Jesús».
He aquí entonces que para Pablo «no termina una cuestión que ya comienza otra. Está siempre en dificultades, pero en dificultades no por dificultades en sí, sino por Jesús: anunciando a Jesús, las consecuencias son estas. Conocer a Jesucristo hace que él sea un hombre con este fervor apostólico. Está en esta Iglesia y piensa en la otra, va a la otra y luego regresa a ésta, y va hacia otra. Esto es una gracia. El fervor apostólico, el celo apostólico, es una actitud cristiana».
El Papa Francisco hizo luego referencia a los «Exercitia spiritualia» de san Ignacio de Loyola, sugiriendo la pregunta: «Si Cristo hizo esto por mí, ¿qué debo hacer yo por Cristo?». Y respondió: «El fervor apostólico el celo apostólico se comprende sólo en un ambiente de amor: sin el amor no se comprende porque el celo apostólico tiene algo de locura, pero de locura espiritual, de sana locura. Y Pablo tenía esta sana locura».
«Quien custodia propiamente el celo apostólico —prosiguió el Pontífice— es el Espíritu Santo; quien hace crecer el celo apostólico es el Espíritu Santo: nos da ese fuego interior para seguir adelante en el anuncio de Jesucristo. A Él debemos pedir la gracia del celo apostólico». Y esto vale «no sólo para los misioneros, que son muy capaces. Estos días  he encontrado a algunos: “Ah padre, desde hace sesenta años soy misionero en el Amazonas”. Sesenta años y adelante, ¡adelante! En la Iglesia hay ahora muchos y celosos misioneros: hombres y mujeres que siguen adelante, que tienen este fervor. Pero en la Iglesia hay también cristianos tibios, con una cierta tibieza, que no sienten seguir adelante, son buenos. Están también los cristianos de salón. Esos educados, todo bien, pero no saben hacer hijos a la Iglesia con el anuncio y el fervor apostólico».
El Papa invocó al Espíritu Santo para que «nos done este fervor apostólico a todos nosotros; nos dé también la gracia de incomodar a las cosas que son demasiado tranquilas en la Iglesia; la gracia de seguir adelante hacia las periferias existenciales. La Iglesia necesita mucho de esto. No sólo en tierras lejanas, en las Iglesias jóvenes, en los pueblos que aún no conocen a Jesucristo. Sino aquí en la ciudad, precisamente en la ciudad, necesitan este anuncio de Jesucristo. Por lo tanto, pidamos al Espíritu Santo esta gracia del celo apostólico: cristianos con celo apostólico. Y si incomodamos, bendito sea el Señor. Adelante, como dice el Señor a Pablo: “¡Ánimo!”».

martes, 14 de mayo de 2013

ACCIÓN DE GRACIAS - SOLEMNIDAD DE PENTECOSTÉS


 
Hoy te bendecimos, Padre, porque todos hemos sido bautizados
En Cristo y en un mismo Espíritu para formar un solo cuerpo,
En el que la diversidad de sus miembros no rompa la unidad. 
Gracias, Señor, por la riqueza de carismas en tu Iglesia
Mediante las diversas vocaciones al seguimiento de Cristo:
En la vida apostólica, la teología, la catequesis, la enseñanza,
La educación de niños y jóvenes, la atención a los marginados,
La asistencia a los pobres, enfermos y ancianos abandonados.
En todos ellos se manifiesta tu Espíritu para el bien común. 
¡Oh Espíritu divino, repuebla la faz de la tierra y  renueva
Entre nosotros los prodigios de un nuevo Pentecostés!

Amén.

(Tomado de B. Caballero: La Palabra de cada domingo, San Pablo, España, 1995, p. 495)

LECTURAS - DOMINGO DE PENTECOSTES



PRIMERA LECTURA
Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar
Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 2, 1-11
Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en el mismo lugar. De repente, un ruido del cielo, como de un viento recio, resonó en toda la casa donde se encontraban. Vieron aparecer unas lenguas, como llamaradas, que se repartían, posándose encima de cada uno. Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar en lenguas extranjeras, cada uno en la lengua que el Espíritu le sugería.

Se encontraban entonces en Jerusalén judíos devotos de todas las naciones de la tierra. Al oír el ruido, acudieron en masa y quedaron desconcertados, porque cada uno los oía hablar en su propio idioma. Enormemente sorprendidos, preguntaban:
-No son galileos todos esos que están hablando? Entonces, cómo es que cada uno los olmos hablar en nuestra lengua nativa?
Entre nosotros hay partos, medos y elamitas, otros vivimos en Mesopotamia, Judea, Capadocia, en el Ponto y en Asia, en Frigia o en Panfilia, en Egipto o en la zona de Libia que limita con Cirene; algunos somos forasteros de Roma, otros judíos o prosélitos; también hay cretenses y árabes; y cada uno los oímos hablar de las maravillas de Dios en nuestra propia lengua
Palabra de Dios.

Salmo responsorial 
Sal 103, lab y 24ac. 29bc-30. 31 y 34 (R.: cf. 30)

R. Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra. / o bien: Aleluya.
Bendice, alma mía, al Señor:
Dios mío, qué grande eres!
Cuántas 'Son tus obras, Señor;
la tierra está llena de tus criaturas. R.
Les retiras el aliento,
y expiran y vuelven a ser polvo;
envías tu aliento, y los creas,
y repueblas la faz de la tierra. R.
Gloria a Dios para siempre,
goce el Señor con sus obras.
Que le sea agradable mi poema,
y yo me alegraré con el Señor. R.

SEGUNDA LECTURAHemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 12, 3b-7. 12-13Hermanos:
Nadie puede decir: Jesús es Señor, si no es bajo la acción del Espíritu Santo.

Hay diversidad de dones, pero un mismo Espíritu; hay diversidad de ministerios, pero un mismo Señor; y hay diversidad de funciones, pero un mismo Dios que obra todo en todos. En cada uno se manifiesta el Espíritu para el bien común.
Porque, lo mismo que el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, a pesar de ser muchos, son un solo cuerpo, así es también Cristo.
Todos nosotros, judíos y griegos, esclavos y libres, hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu.
Palabra de Dios.

SECUENCIA
Ven, Espíritu divino,
manda tu luz desde el cielo.
Padre amoroso del pobre;
don, en tus dones espléndido;
luz que penetra las almas;
fuente del mayor consuelo.
Ven, dulce huésped del alma,
descanso de nuestro esfuerzo,
tregua en el duro trabajo,
brisa en las horas de fuego,
gozo que enjuga las lágrimas
y reconforta en los duelos.
Entra hasta el fondo del alma,
divina luz, y enriquécenos.
Mira el vacío del hombre,
si tú le faltas por dentro;
mira el poder del pecado,
cuando no envías tu aliento.
Riega la tierra en sequía,
sana el corazón enfermo,
lava las manchas, infunde calor de vida en el hielo,
doma el espíritu indómito,
guía al que tuerce el sendero.
Reparte tus siete dones,
según la fe de tus siervos;
por tu bondad y tu gracia,
dale al esfuerzo su mérito;
salva al que busca salvarse
y danos tu gozo eterno.

Aleluya
Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos la llama de tu amor.

EVANGELIO
Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo. 
Recibid el Espíritu Santo 

Lectura del santo evangelio según San Juan 20, 19-23
Al anochecer de aquel día, el día primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: "Paz a vosotros".
   Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor.
    Jesús repitió:
    Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo. Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo:

    Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.
Palabra del Señor.