Todos los domingos por la mañana, Eucaristía con los jóvenes

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Altar. Capilla Ntra Sra. del Rosario.
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martes, 7 de julio de 2015

"TENGAN LOS SENTIMIENTOS DE JESÚS" MENSAJE DEL PAPA EN LA MISA POR LA EVANGELIZACIÓN DE LOS PUEBLOS EN QUITO

O7-07-2015. El Papa Francisco durante la misa celebrada la tarde del martes en el Parque del Bicentenario de Quito y dedicada  a la evangelización de los pueblos, profundizó en dos conceptos fundamentales a la hora de llevar la Buena Nueva: la libertad y la unidad.
Explicó que la evangelización puede ser “vehículo de unidad, de aspiraciones, sensibilidades, ilusiones” y en este contexto animó a los fieles diciendo ¡Eso creemos, eso gritamos!. Y citó la exhortación Evangelii Gaudium: «Mientras en el mundo, especialmente en algunos países, reaparecen diversas formas de guerras y enfrentamientos, los cristianos insistimos en nuestra propuesta de reconocer al otro, de sanar las heridas, de construir puentes, de estrechar lazos y de ayudarnos “mutuamente a llevar las cargas”».
Francisco invitó a los fieles al desafío de dar a conocer la Palabra de Dios,  no con términos “altisonantes, ni con complicados, sino haciendo que nazcan de la alegría del Evangelio. Y volvió a la importancia del término ‘unidad’ para “que el mundo crea”. “La evangelización no consiste en hacer proselitismo, sino en atraer con nuestro testimonio a los alejados, en acercarse humildemente a aquellos que se sienten lejos de Dios y de la Iglesia, a los que son temerosos o a los indiferentes para decirles”, aseguró.
El Santo Padre relacionó "el grito" de lo que creemos, con el lugar donde se celebró la misa, el Parque del Bicentenario que recuerda los dos siglos de independencia republicana, y explicó que evangelizar es tan urgente y apremiante como aquellos deseos de independencia.

miércoles, 4 de diciembre de 2013

"LA ALEGRÍA DEL EVANGELIO" - EL SUEÑO DEL PAPA FRANCISCO.


El Papa Francisco tiene «un sueño». El de una Iglesia encaminada sin demora por el camino «de una conversión pastoral y misionera»: una actitud personal y comunitaria «capaz de transformar» en lo profundo costumbres, estilos, lenguajes, estructuras, orientándolos hacia la evangelización más bien que hacia «la autopreservación».
Ese «sueño» está en el centro de la exhortación apostólica Evangelii gaudium, presentada esta mañana, martes 26 de noviembre, en la Sala de prensa de la Santa Sede. Un documento de 224 páginas, en cinco capítulos, que recoge los frutos del Sínodo de los obispos sobre «La nueva evangelización para la transmisión de la fe» que tuvo lugar en el Vaticano del 7 al 28 de octubre de 2012. Pero es evidente que la intención del Pontífice va más allá de la sencilla recepción de las indicaciones de los padres sinodales. Porque lo que se ofrece a toda la comunidad cristiana es un texto denso y arduo, que —subrayado de no poco valor— «tiene un sentido programático y consecuencias importantes».
«Quiero dirigirme a los fieles cristianos —escribe el Papa Francisco— para invitarlos a una nueva etapa evangelizadora marcada por esa alegría, e indicar caminos para la marcha de la Iglesia en los próximos años». Al Pontífice le interesa que cada bautizado lleve a los demás con nuevo dinamismo el amor de Jesús, viviendo en «estado permanente de misión».
Esta invitación a «recuperar la frescura original del Evangelio» implica a todo fiel, porque «el sueño misionero» del Obispo de Roma es «llegar a todos». Y «dado que estoy llamado a vivir lo que pido a los demás —puntualiza— también debo pensar en una conversión del papado», para que lo haga «más fiel al sentido que Jesucristo quiso darle y a las necesidades actuales de la evangelización». Es necesaria, en este sentido, «una saludable descentralización», orientada también a un estatuto de las Conferencias episcopales «que las conciba como sujetos de atribuciones concretas, incluyendo también alguna auténtica autoridad doctrinal». En todo caso, no hay que tener miedo de rever costumbres de la Iglesia «no directamente ligadas al núcleo del Evangelio», incluso en el caso de que resultasen «muy arraigadas a lo largo de la historia». El llamamiento es a ser siempre «libres y creativos», abandonando una vez por todas «el cómodo criterio pastoral del “siempre se ha hecho así”».
A partir de este prefacio el documento propone las líneas de un itinerario donde se encuentran muchos de los temas más apreciados por el magisterio pastoral del Papa Bergoglio. Entre estos, la invitación a redescubrir la misericordia como «la más grande de las virtudes», evitando que en la predicación «algunos acentos doctrinales o morales»  que oscurezcan excesivamente el mensaje de amor del Evangelio. Y la necesidad de abrir las puertas de la Iglesia para «salir hacia los demás» y llegar a «las periferias humanas» de nuestro tiempo.
Fuerte es el juicio del Pontífice sobre los actuales órdenes económico-financieros mundiales, que multiplican desigualdades y exclusión social: «esa economía mata» denuncia, apuntando nuevamente el dedo contra «la cultura del descarte» y «la idolatría del dinero». No por casualidad todo un capítulo se detiene en la «dimensión social de la evangelización», con penetrantes subrayados sobre la necesidad del desarrollo integral de los más necesitados —«para la Iglesia la opción por los pobres es una categoría teológica antes que cultural, sociológica, política o filosófica», recuerda— y de la promoción del diálogo y de la paz.
El núcelo central del documento está dedicado expresamente a quienes en la Iglesia trabajan al servicio del anuncio evangélico. Para destacar en ello potencialidad e iniciativa, pero también alertar sobre las «tentaciones» recurrentes de la «acedia egoísta», del «pesimismo estéril», de la «mundanidad espiritual». En este sentido, gran importancia el Papa atribuye a la «fuerza evangelizadora de la piedad popular» y a la atención de la predicación por parte de los sacerdotes.