Todos los domingos por la mañana, Eucaristía con los jóvenes

Todos los domingos por la mañana, Eucaristía con los jóvenes
Altar. Capilla Ntra Sra. del Rosario.
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jueves, 19 de diciembre de 2013

LECTURAS DEL IV DOMINGO DE ADVIENTO (A)


PRIMERA LECTURA

Mirad: la virgen está encinta
Lectura del libro de Isaías 7, 10-14
En aquellos días, el Señor habló a Acaz:
-«Pide una señal al Señor, tu Dios: en lo hondo del abismo o en lo alto del cielo.»
Respondió Acaz:
- «No la pido, no quiero tentar al Señor.»
Entonces dijo Dios:
- «Escucha, casa de David: ¿No os basta cansar a los hombres, que cansáis incluso a mi Dios? Pues el Señor, por su cuenta, os dará una señal:
Mirad: la virgen está encinta y da a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel, que significa "Dios-con-nosotros".»
Palabra de Dios.



Salmo responsorial Sal 23, 1-2. 3-4ab. 5-6
R. Va a entrar el Señor, él es el Rey de la gloria.
Del Señor es la tierra y cuanto la llena, el orbe y todos sus habitantes: él la fundó sobre los mares, él la afianzó sobre los ríos. R.
¿Quién puede subir al monte del Señor? ¿Quién puede estar en el recinto sacro? El hombre de manos inocentes y puro corazón, que no confía en los ídolos. R.

Ése recibirá la bendición del Señor, le hará justicia el Dios de salvación. Éste es el grupo que busca al Señor, que viene a tu presencia, Dios de Jacob. R.



SEGUNDA LECTURA 
Jesucristo, de la estirpe de David, Hijo de Dios 
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 1, 1-7 
Pablo, siervo de Cristo Jesús, llamado a ser apóstol, escogido para anunciar el Evangelio de Dios. Este Evangelio, prometido ya por sus profetas en las Escrituras santas, se refiere a su Hijo, nacido, según la carne, de la estirpe de David; constituido, según el Espíritu Santo, Hijo de Dios, con pleno poder por su resurrección de la muerte: Jesucristo, nuestro Señor.
Por él hemos recibido este don y esta misión: hacer que todos los gentiles respondan a la fe, para gloria de su nombre. Entre ellos estáis también vosotros, llamados por Cristo Jesús.
A todos los de Roma, a quienes Dios ama y ha llamado a formar parte de los santos, os deseo la gracia y la paz de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo.
Palabra de Dios.


Aleluya Mt 1, 23 
Mirad: la Virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrá por nombre Ernmanuel, Dios-con-nosotros.  
EVANGELIO 
Jesús nacerá de María, desposada con José, hijo de David

Lectura del santo evangelio según san Mateo 1, 18-24
El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera:
María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo.
José, su esposo, que era justo y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo:
-«José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados.»
Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que había dicho el Señor por el Profeta:
«Mirad: la Virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrá por nombre Ernmanuel, que significa "Dios-con-nosotros".»
Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y se llevó a casa a su mujer.
Palabra del Señor.

miércoles, 3 de julio de 2013

CRISTIANOS DE ACCIÓN Y DE VERDAD

Hay necesidad de «cristianos de acción y de verdad» cuya vida esté «fundada sobre la roca de Jesús», y no de «cristianos de palabras», superficiales como los gnósticos o rígidos como los pelagianos. Lo dijo el Papa Francisco, en la misa celebrada el jueves 27 de junio, en la capilla de la Domus Sanctae Marthae. 
La reflexión del Papa, inspirada como de costumbre en las lecturas del día, partió del pasaje del evangelio de Mateo (7, 21-29), donde —explicó el Pontífice— «el Señor nos habla de nuestro fundamento, el fundamento de nuestra vida cristiana», y nos dice que este «fundamento es la roca». Esto significa que «debemos construir la casa», o sea nuestra vida, sobre la roca que es Cristo. Cuando san Pablo habla de la roca en el desierto se refiere a Cristo –destacó el Papa–. Él es la única roca «que puede darnos seguridad», de tal modo que «estamos invitados a construir nuestra vida sobre esta roca de Cristo. No sobre otra».
En el pasaje evangélico —recordó el Santo Padre— Jesús se refiere también a quienes creen que pueden construir su vida sólo sobre las palabras: «No quien dice “Señor, Señor” entrará en el Reino de los cielos». Pero Jesús propone inmediatamente —advirtió el Papa— edificar «nuestra casa sobre la roca». A partir de esta enseñanza, el Papa Francisco identificó «en la historia de la Iglesia dos clases de cristianos»: los primeros, de quienes hay que tener cuidado, son los «cristianos de palabras», es decir aquellos que se limitan a repetir: “Señor, Señor, Señor”; los segundos, los auténticos, son «cristianos de acción, de verdad». Al respecto destacó que desde siempre existe «la tentación de vivir nuestro cristianismo fuera de la roca que es Cristo: el único que nos da la libertad para decir “Padre” a Dios; el único que nos sostiene en los momentos difíciles». Lo dice Jesús mismo con ejemplos concretos: «Cayó la lluvia, se desbordaron los ríos, soplaron los vientos», pero cuando «está la roca, hay seguridad». Al contrario, cuando existen sólo «palabras, las palabras vuelan, no sirven». Se termina, en la práctica, en la «tentación de estos “cristianos de palabras”: un cristianismo sin Jesús, un cristianismo sin Cristo». Lamentablemente «esto ha sucedido y sucede hoy en la Iglesia».
Se trata de una tentación que está presente de forma muy diversificada en la historia de la Iglesia, y ha dado vida a diversas categorías de “cristianos sin Cristo”, entre las cuales el Papa Francisco señaló, en especial, en dos de ellas. La del “cristiano light”, que «en lugar de amar la roca, ama las palabras bonitas, las cosas bellas» y se dirige «a un “dios spray”», con actitudes «de superficialidad  y ligereza». Esta tentación existe todavía hoy: «cristianos superficiales que, sí, creen en Dios», pero no en Jesucristo, «quien te da el fundamento». El Papa los definió «los gnósticos modernos», los que ceden a la tentación de un cristianismo líquido.
A la segunda categoría pertenecen, en cambio, «quienes creen que la vida cristiana» se debe «tomar muy seriamente» hasta llegar a «confundir solidez y firmeza con rigidez». El Santo Padre los definió “cristianos rígidos”, «que piensan que para ser cristianos es necesario estar de luto», atentos a los formalismos, como hacían los escribas y los fariseos de la época de Jesús. Según el Pontífice, estos son los cristianos para quienes «todo es severo. Son los pelagianos de hoy». Y están convencidos de que «la salvación está en el modo en el cual yo hago las cosas»: «debo hacerlas con gravedad», sin alegría. El Pontífice comentó: «Hay muchos. No son cristianos, se disfrazan de cristianos».
En definitiva, estas dos categorías —gnósticos y pelagianos— «no conocen a Jesús, no saben quién es el Señor, no saben qué es la roca, no tienen la libertad de los cristianos». Y, en consecuencia, «no tienen alegría». Los primeros «tienen una cierta “alegría”, superficial»; los segundos «viven en una continua vigilia fúnebre, pero no saben lo que es la alegría cristiana, no saben gozar de la vida que Jesús nos da, porque no saben hablar con Él». Por ello no encuentran en Jesús «la firmeza que da su presencia». Y además de no tener alegría, tampoco «tienen libertad».
Los primeros —prosiguió— «son esclavos de la superficialidad», los segundos «son esclavos de la rigidez» y «no son libres», porque «en su vida el Espíritu Santo no encuentra sitio». Y precisamente, «es el Espíritu quien nos da la libertad».
La enseñanza del día –según el Papa Francisco– que nos da el Señor: es la invitación «a construir nuestra vida cristiana sobre la roca que nos da la libertad» y que nos «hace seguir adelante con la alegría en su camino». De aquí la doble exhortación a pedir «al Señor la gracia de no transformarnos en “cristianos de palabras”, tanto con la “superficialidad gnóstica” como con la “rigidez pelagiana”», para poder, en cambio, «ir adelante en la vida como cristianos firmes sobre la roca que es Jesucristo y con la libertad que nos da el Espíritu Santo». Una gracia que se ha de pedir «de modo especial a la Virgen. Ella —concluyó— sabe lo que significa estar fundados en la roca».